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Mostrando entradas de julio, 2014

¡Dios salve a los loqueros!

Vale, es definitivo. Se me ha ido la cabeza entre tanto regidor, corregidor, chantre, prestamista, corsario, pirata, letracambista, juez y escribano. Solo así se entiende que me haya pasado casi 3 horas escuchando una lista de youtube de canciones infantiles en portugués mientras iba cerrando otro capítulo de la tesis. Me temo que mis directores tendrán un grave problema cuando les toque leerlo porque, algo me dice, que por algún lado se me puede haber colado un "soy una taza, una tetera, una cuchara, un cucharón y mi pollito, que es amarillo, cuando tiene hambre mueve sus piesitos"  Así que visto lo visto, creo que lo mejor será recordar a la familia Telerín y me vaya en un ratín. Chiste malo que pensaba vincular a Susanita tiene un ratón, un ratón chiquitin, pero me he acordado de Chanquete -que este año se muere otra vez en la 2- y me ha dado un bajón... y a ver si voy a ser como Martín, tin, tin y voy a levantar un botón, ton, ton...  y esto no tendría fin. Y com

I Guerra mundial

Hace 100 años Europa comenzó a regar los campos con sangre. No importan las razones que llevaron a los hombres a las trincheras, no importa que durante todo un siglo la sangre siguiera derramandose por los campos europeos (ya fuera en la I o la II Guerra Mundial, ya fuera en la Guerra Civil española o en la yugoslava), solo importa no volver a repetir los mismos errores, menos ahora que la muerte vuelve a correr en los campos ucranianos, como lo hace aún (y siempre) por África o en Israel, donde bombas asesinas acaban con el futuro de un cientos de niños encerrados tras los muros de la vergüenza que rodean Gaza. No importa que hayan pasado 100 años desde el inicio de la guerra aquel 28 de julio de 1914. No importa que las trincheras se cubrieran con cuerpos muertos, cuando 100 años después seguimos igual. Y, lo más grave, es que la opinión pública internacional ve normal la guerra. Nos hemos habituado a la muerte de inocentes o, a lo sumo, colocamos un cartel en facebook mostrando n

Feng Shui

Hay sitios a los que uno suele acudir con cierta regularidad por alguna razón no siempre comprensible. Otras veces, se vuelve una y otra vez por una razón muy clara. Y esto último es lo que me pasa con el Feng Shui de Sancti Petri (tienen otro en Jerez).  Las razones son claras:  1º El propio restaurante, en un edificio exento, decorado con elegancia (es un restaurante oriental, no el chino del barrio), y con un patio/jardín que en verano es uno de los mejores lugares para disfrutar de la gastronomía oriental. Ni tan siquiera los mosquitos (te ofrecen gentilmente repelente) pueden molestar una buena velada. 2º La comida. Debería sobrar esta razón, pero hay que incluirla por la calidad de la misma. Desde el "tradicional" sushi hasta algunas de las especialidades de la casa como la ternera a las 5 especias.  3º El personal. El trato de los camareros es, sencillamente, genial. Entre la educación que requiere el sitio y la cercanía tan propia andaluza. 

Diez relatos para Natalia, II: Detroit

El tradicional silencio de la casa se había visto roto por los gritos del pequeño monstruo que acaba de llegar. Su padre lo miraba, entre incómodo y divertido, mientras correteaba junto a la mesa central del salón. Era lo único que tenía claro: el niño viajaría con él: saldrían temprano, cogerían el avión en Detroit y, unas horas más tarde, habrían llegado a Washington. Nadie sospecharía de un joven viudo que viajaba con su hijo de 4 años. Era imposible que levantase sospechas entre la policía y el resto de viajeros. Ya había preparado las maletas, pero aún necesitaba repasar las últimas instrucciones recibidas poco antes por teléfono. Rememoró la llamada, la última de una larga sucesión de conversaciones que habían transformado su vida… o estaba en ello. Recordó las oscuras noches en Irak, incapaz de dormir a causa de los remordimientos: cada día recordaba los mismos rostros de los infelices a los que torturaban en cárceles que no existían según el gobierno. Ese gobierno del

Diez relatos para Natalia, I: Pekín.

El hombrecillo de ojos rasgados hablaba mirando hacia abajo, sin levantar la vista. - Debes estarte quieta, o nos descubrirán. Repetía la frase sin parar y, sentado en el último banco de la hilera situada frente al panel que anunciaba las salidas, comenzaba a asustar a sus compañeros de viaje. Nadie decía nada, pero las miradas de reojo lanzadas furtivas al extraño pasajero crecían entre los presentes, que parecían desear que el hombrecillo se levantase y se fuera a cualquier sitio que no fuera aquel. Casi rezando para que no se montase en el mismo avión que ellos. Desde los atentados del 11 de septiembre la psicosis de un ataque aéreo se había extendido por todo el mundo. Y el aeropuerto de Pekin no iba a ser menos. Aun así, cada día, se oían noticas sobre terroristas que trataban de acceder al avión. Y el hombre, que no paraba de farfullar al interior de una bolsa de McDonalds, levantaba suspicacias en todos, incluidos los dos agentes de policía que no le quitaban ojo en

De Maléfica

Maléfica es lo contrario al mal. Sin duda, Disney ha sabido vestirse de G. R. Martin para darle la vuelta al cuento de la Cenicienta y mostrarnos a la más malvada de las malvadas reinas de cuento como una dulce hada con cuernos y alas. Hasta que el desamor y la traición la convierten en lo que no es. Y es curioso, porque Disney siempre ha vendido que el príncipe azul llegará a salvar a la pobre princesa desprotegida y lo hará con un beso de amor verdadero. Pero aquí, Disney no parece Disney y el amor verdadero no se presenta en formato juvenil, sino maternal. Maléfica quiere a Aurora, no hay duda. En su corazón, destrozado por el (des)amor juvenil, solo existía venganza hasta que aprende a amar y cuidar a la misma niña a la que maldijo al nacer. Aquí no hay príncipes que vengan a salvar, son mujeres fuertes las protagonistas del cuento. Quizá como ya ocurrió con Mulan, como Pixar hizo en Brave, las mujeres toman el poder y los hombres no son más que peleles al servicio de la his

Zaz -- Si

Para mí la personalísima voz de Isabelle Geffroy (ZAZ) es una de las mejores de la actualidad. Cuando además la usa en canciones como Si se eleva a su enésima potencia. Si era la amiga del buen dios Si conocía las oraciones Si tenía la sangre azul El don de borrar y rehacer todo Si era reina o maga Princesa, hada, gran capitán De un noble regimiento Si tenía los pasos de un gigante Pondría la felicidad en la miseria Todas las lágrimas en río Y hasta en la arena, haría crecer flores Donde hasta la esperanza desaparece Sembraría de utopías, doblegar sería prohibido No distraer más las miradas. Si tenía miles y centos El talento, la fuerza o los encantos De los maestros, de los poderosos Si tenía las llaves de sus almas Si sabía tomar las armas contra un ejército de titanes Encendaría llamas En los sueños apagados de los niños Pondría colores en las penas Inventaría édens A los pasos de posibilidades, a los pasos de estrellas, por los parias Pero tengo sólo un corazón desgarrado y