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Del toreo y el valor de los gaditanos

El Cid Campeador lanceando otro toro (Tauromaquia - Goya)
Luis de Valenzuela y Marrufo es, quizá, el primer torero a pie conocido. Y lo fue por casualidad. Cuando organizó una corrida de toros en una plaza frente a su casa, nada le hacía pensar que acabaría pasando a la historia de la tauromaquia. Pero lo hizo y lo hizo de la forma más rocambolesca posible:
Siendo regidor de Cádiz, en 1578 hospedó en su casa al rey Sebastián I de Portugal, que marchaba con las galeras a África y que se detuvo en la ciudad para embarcar a los miles de voluntarios que había logrado convocar a su cruzada contra los moros de Fez. Para agasajar al monarca organizó una corrida de toros –la primera de la que tenemos constancia en la ciudad-, pero, para su desgracia, uno de los toros hirió de muerte a los caballos de los jinetes que rejoneaban. Tan bravo era el astado que nadie se atrevió a volver a intentarlo, excepto Luis.

Viendo como el monarca portugués se reía de la cobardía de los caballeros gaditanos, decidió tomar las riendas de su montura y saltar al ruedo. Pero el toro, que se resistía a morir, corneó al caballo hasta la muerte y dejo al regidor gaditano solo y a pie. Fue así como recibió al toro, a pecho descubierto y con la espada en mano, lanzando una estocada con la que “su espada que le atraviesa la verviz (sic) [al toro] en[tre] unánimes gritos de alegría[1]

Se convertía así, sin quererlo y por defender el valor de los gaditanos, en el primer toreros del que tenemos constancia.



[1] Castro, Adolfo de: Historia de Cádiz, p. 379-380.

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