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Marruecos


Ya han pasado varios días desde que volviera de Marruecos y ahora comienzo a ver las cosas con más perspectivas y sin el nauseabundo olor incrustado en mis fosas nasales. Tal vez por eso ahora recuerdo alguno de los mejores momentos, y de los lugares más hermosos visto. Sin duda, es Chauen la ciudad más destacada, la que mejor sabor de boca me ha dejado, con sus callejones azules y ese sol que tanto recuerda a Andalucía.

Pero también Fez ha tenido su encanto, pese al olor que desprendía la Medina. El de la ciudad laberíntica, en la que es imposible no perderse; en la que se encuentran colores a pesar de la grisacea tonalidad que le acompaña. Una ciudad de olores intensos, casi siempre desagradables pero, a veces, exóticos, diferentes, apetitosos. Esa ciudad en la que se mezcla lo bueno y lo malo. Los rincones bucólicos sacados del pasado medieval, con la modernidad. En el que te cruzas un burro cargado de fruta o saltas bolsas de basura. Esa Medina llena de puestos en los que ver y sentir.

Y, por ultimo, ese pequeño pueblo pesquero, Moulay Bousselham, que tanto recordaba a Conil o cualquiera de nuestra provincia. Con una playa enorme y virgen desgraciadamente descuidada. 

Así que sí, con algo de perspectiva, puedo decir que Marruecos me ha gustado, y que mis malos momentos con la comida han empañado la realidad de lo vivido y visto. Aún así, necesitaré que pasen unos años para volver.

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