Ir al contenido principal

La gran estafa americana

Reconozco que hay películas que inicialmente no me gustan, por mil motivos y ninguno en particular. Y una de esas cintas era "La gran estafa americana"; aun así, a veces, hay que ceder, e ir a ver cosas que no irías en otro momento (esto es un aviso para cuando llegue Transformers 4) y acabas entrando en la sala. Pero al entrar me llevé una sorpresa por varios motivos:

El guión es una locura sin pies ni cabeza. A veces te pierdes en sus giros, a veces salta el drama, a veces te ríes a carcajadas. Es una montaña rusa, que te vuelve loco en sus giros argumentales, en sus cambios de registro, en los cameos y los nuevos personajes. Giros que te obligan a estar atentos a la pantalla.

En segundo lugar, las interpretaciones. Christian Bale están genial, como siempre en el caso del primero y, a veces, en el segundo. Pero, sobre todo, me ha sorprendido Jennifer Lawrence. Lo cierto es que todos los actores están irreconocibles, en una mutación física que te hace olvidar el rostro real del interprete, pero el caso de la jovencisima actriz sorprende mucho. Realmente Lawrence es uno de los valores seguros del cine actual aunque algunos, como yo, la hayamos prejuzgado por su participación en "Los juegos del hambre". Craso error, junto a Enma Watson será una de las grandes de la escena en unos años: por la elegancia y por el nivel actoral.

Por eso, aunque esta película sea una estafa que trata de engañar al espectador, a mi a logrado engancharme. Mantenerme pegado a la pantalla, que ría o me ponga serio, que me una a esos cambios de género que logra David O. Russell, director de la cinta. Sobre todo tras haber visto "El lobo de Wall Street" que me pareció larga, bodrio, rara y un total timo al espectador.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Aventuras de Fernán Garces. 1ª Entrada.

I 1488 Arguim El viento azotaba las velas y la nave se movía al vaivén de las olas. Paseé la mirada por la cubierta y vi rostros curtidos que rezaban atenazados por el miedo, pues el mar es madre del marino e igual que arrulla unas veces, castiga los pecados otras muchas. Y aquel día Dios Nuestro Señor parecía dispuesto a castigar los nuestros haciéndonos zozobrar frente a Arguim. La costa se mostraba desafiante, recortada en el cielo de la mañana aparecía grisácea cada vez que La Gitana se alzaba sobre las olas. —¡Maldita la hora en que decidisteis salir, Fernán! —me aferré al timón, ayudando a Jácome para mantenerlo firme. —Era necesario —respondí— Debíamos adelantarnos al resto para realizar esta empresa. —Voto a Dios, Fernán, que la locura de Pedro Cabrón sigue viva en vos. Mi risa fue acallada por el ruido de los truenos y la conversación interrumpida por el fuerte viento que acompañaba la tormenta. Temí por el velamen, pero ya era tarde para recoger el apare

Toledo, una serie que se queda a medias

Ayer vi Toledo, y supongo que seguiré viéndola mientras sea capaz de soportar la calidad ¿interpretativa? de Maxi Iglesias (alguien, algún día, tendrá que explicar porque a este chico se le siguen dando protagonistas con los buenos actores que hay en España). Aunque como historiador, recreacionista y –mal- esgrimista no puedo más que ponerle algunos peros. 1º.- Cuando haces una serie histórica de pretendida calidad tienes que tener cuidado con los personajes reales. En la serie tenemos al Infante Fernando de la Cerda y al príncipe Sancho; el primero rondando los 16-18 y el segundo superando con creces los 20. Pero la realidad es que Fernando es el segundo hijo  de Alfonso X (nace en 1255) y Sancho es el tercer hijo varón  del rey (nace en 1258), con lo que en la serie debería tener 13-15 años. El primogénito, Alfonso Fernández, Señor de Molina y Mesa, es hijo natural y no entra en la línea sucesoria. 2º.- En varias ocasiones se le llama “príncipe” cuando hasta 1388, con el futu

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán. Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real. Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret,