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De Brigadas Amarillas


Sabe Dios que no soy fan de las Brigadas Amarillas. Su superioridad ideológica y moral me parece insufrible, su uso político del fútbol mucho más. Pero ayer tuvieron gestos -no hemos de negar que tienen muchos y que eso compensa lo otro- que bien valen les sean reconocidos, agradecidos y exaltados. Porque eso sí es afición al fútbol y amor a un equipo. 

Durante el encuentro de este domingo, asistieron a Carranza -algo que también es habitual- varias escuelas deportivas de la provincia. Junto a nosotros, por ejemplo, estaba la de Alcalá del Valle (de rojo) y en la grada superior, creo, que de Vejer (de verde). Chavales que acudían a su primer gran partido, todo un duelo en la cumbre entre dos históricos como son el Cádiz y el Albacete. Que querían disfrutar, que cantaban, saltaban y seguían el ritmo marcado por Brigadas. Y, entonces, alguien se dio cuenta y comenzó el juego: "que respondan los niños", "que boten los niños" y un largo etc, que terminó con los niños gritando que botarán los Brigadas, que respondieron con su animosidad propia antes de comenzar una última ola para el recuerdo de los infantes.

Muchas veces me he quejado de cómo actúan, de lo que hacen y gritan. De que no se dan cuenta que con algunas actitudes se tiran tierra sobre su propio tejado y acaban cayendo en el fascismo rancio y en el insulto soez. Pero ayer mostraron su mejor cara: la de aficionados de corazón y supieron llevar la alegría a esos niños que, sin duda, jamás olvidarán el partido. Así que, como cadista que soy, hoy no puedo más que decir: Gracias Brigadas

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