Ir al contenido principal

De Brigadas Amarillas


Sabe Dios que no soy fan de las Brigadas Amarillas. Su superioridad ideológica y moral me parece insufrible, su uso político del fútbol mucho más. Pero ayer tuvieron gestos -no hemos de negar que tienen muchos y que eso compensa lo otro- que bien valen les sean reconocidos, agradecidos y exaltados. Porque eso sí es afición al fútbol y amor a un equipo. 

Durante el encuentro de este domingo, asistieron a Carranza -algo que también es habitual- varias escuelas deportivas de la provincia. Junto a nosotros, por ejemplo, estaba la de Alcalá del Valle (de rojo) y en la grada superior, creo, que de Vejer (de verde). Chavales que acudían a su primer gran partido, todo un duelo en la cumbre entre dos históricos como son el Cádiz y el Albacete. Que querían disfrutar, que cantaban, saltaban y seguían el ritmo marcado por Brigadas. Y, entonces, alguien se dio cuenta y comenzó el juego: "que respondan los niños", "que boten los niños" y un largo etc, que terminó con los niños gritando que botarán los Brigadas, que respondieron con su animosidad propia antes de comenzar una última ola para el recuerdo de los infantes.

Muchas veces me he quejado de cómo actúan, de lo que hacen y gritan. De que no se dan cuenta que con algunas actitudes se tiran tierra sobre su propio tejado y acaban cayendo en el fascismo rancio y en el insulto soez. Pero ayer mostraron su mejor cara: la de aficionados de corazón y supieron llevar la alegría a esos niños que, sin duda, jamás olvidarán el partido. Así que, como cadista que soy, hoy no puedo más que decir: Gracias Brigadas

Comentarios

Entradas populares de este blog

Aventuras de Fernán Garces. 1ª Entrada.

I 1488 Arguim El viento azotaba las velas y la nave se movía al vaivén de las olas. Paseé la mirada por la cubierta y vi rostros curtidos que rezaban atenazados por el miedo, pues el mar es madre del marino e igual que arrulla unas veces, castiga los pecados otras muchas. Y aquel día Dios Nuestro Señor parecía dispuesto a castigar los nuestros haciéndonos zozobrar frente a Arguim. La costa se mostraba desafiante, recortada en el cielo de la mañana aparecía grisácea cada vez que La Gitana se alzaba sobre las olas. —¡Maldita la hora en que decidisteis salir, Fernán! —me aferré al timón, ayudando a Jácome para mantenerlo firme. —Era necesario —respondí— Debíamos adelantarnos al resto para realizar esta empresa. —Voto a Dios, Fernán, que la locura de Pedro Cabrón sigue viva en vos. Mi risa fue acallada por el ruido de los truenos y la conversación interrumpida por el fuerte viento que acompañaba la tormenta. Temí por el velamen, pero ya era tarde para recoger el apare

Toledo, una serie que se queda a medias

Ayer vi Toledo, y supongo que seguiré viéndola mientras sea capaz de soportar la calidad ¿interpretativa? de Maxi Iglesias (alguien, algún día, tendrá que explicar porque a este chico se le siguen dando protagonistas con los buenos actores que hay en España). Aunque como historiador, recreacionista y –mal- esgrimista no puedo más que ponerle algunos peros. 1º.- Cuando haces una serie histórica de pretendida calidad tienes que tener cuidado con los personajes reales. En la serie tenemos al Infante Fernando de la Cerda y al príncipe Sancho; el primero rondando los 16-18 y el segundo superando con creces los 20. Pero la realidad es que Fernando es el segundo hijo  de Alfonso X (nace en 1255) y Sancho es el tercer hijo varón  del rey (nace en 1258), con lo que en la serie debería tener 13-15 años. El primogénito, Alfonso Fernández, Señor de Molina y Mesa, es hijo natural y no entra en la línea sucesoria. 2º.- En varias ocasiones se le llama “príncipe” cuando hasta 1388, con el futu

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán. Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real. Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret,