Ir al contenido principal

De barcos hundidos

Recientemente en el puerto de Cádiz, allí donde se está ampliando la dársena de contenedores, aparecieron restos de un barco hundido. Y, obviamente, saltaron las voces solicitando su salvaguarda. No seré yo quién niegue la importancia de conservar los restos arqueológicos, pero siempre primando las necesidades de la ciudad (y los ciudadanos) de este siglo XXI. Y la realidad es que el pecio aparecido no es más que uno más de los casi 800 navíos hundidos en el golfo. Un golfo que, se dice, guarda riquezas para terminar con la crisis española.

Tras el descubrimiento de América, Cádiz se convierte en la puerta a las Indias. El monopolio establecido en Sevilla y, desde 1717, en Cádiz, por la Corona castellana llevó a que durante los siglos XVI a XVIII, los barcos  que transportaban las riquezas de los virreinatos españoles desde América hasta Castilla arribase al puerto de Cádiz. Pero las dificultades de la navegación por el Guadalquivir y la llamada “barra de Sanlucar” (una duna subacuática de arena) provocaban que los navíos debieran esperar en la Bahía, donde eran presa fácil para ataques y, sobre todo, para las tormentas que azotaban el golfo.

En 1520, y debido al incremento de la piratería inglesa y francesa, se decidió organizar un sistema de convoyes para aumentar la seguridad del transporte. Se establecieron dos flotas que salían cada año desde Sevilla y, a partir 1717, desde Cádiz, con galeones fuertemente armados con cañones y barcos mercantes (carracas) hacia Veracruz y Cartagena de Indias y Portobelo, respectivamente. Tras completar la descarga de sus productos (productos manufacturados, pero después también esclavos), las flotas se reunían en Cuba para el viaje de vuelta. La realidad es que el sistema funcionó y la Flota de Indias (que llegó a contar con 100 barcos a finales del s. XVI) solo sufrió daños considerables 3 veces, todas por tormentas en el Caribe y otras 3 durante la guerra anglo-española (siempre en el Caribe). Por lo que la mayoría de los barcos de la Flota hundidos en el Golfo lo fueron a consecuencia de las tormentas.

El catedrático de arqueología Manuel Martín Bueno (Universidad de Zaragoza) llegó a decir que "En el golfo de Cádiz hay más oro que en el Banco de España" Quizá sea exagerado pero hace referencia a la cantidad de navíos, principalmente de la Flota de Indias, hundidos en las costas de Cádiz y Huelva. Está aceptado que este es el mayor cementerio de barcos del mundo. Entre Ayamonte (Huelva) y Tarifa (Cádiz) descansan los restos de 800 navíos hundidos entre los siglos XVI y XIX, más de 100 con valiosos tesoros. Muchos de ellos naufragaron tratando de embocar el Guadalquivir rumbo a Sevilla. Otros, más al sur, entre las difíciles corrientes del Estrecho en plena ruta al Mediterráneo.

Entre los buques localizados: El Bucentaure, en la Caleta; en el faro de la Puercas (en la entrada de la Bahía, visible desde la Alameda de Cádiz) se sitúan 8 yacimientos arqueológicos de otros tantos navíos. El Santa Cruz se hundió en 1555 a consecuencia de un ataque berberisco frente a las costas de la ciudad. Los galeones de San Francisco Javier y Nuestra Señora de la Victoria, hundidos por los ingleses en 1656 llegando a Cádiz cargados con el oro y la plata americana.

El Santísima Trinidad y el Santa Cruz reposan cerca de Zahara. Conil guarda el Vera Cruz y el San Juan Bautista. Pero entre los más importantes está el Sunssex, buque insignia de la flota británica en el Mediterráneo hasta su naufragio en 1690 en una tormenta entre Cádiz y Gibraltar –se desconoce su lugar- y cuyo tesoro se calcula en 4.000 millones de euros. O el Nuestra Señora de las Mercedes, saqueado por caza tesoros norteamericanos y cuyo “botín” ha sido devuelto al gobierno español por la justicia de USA.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán. Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real. Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret,

De pienso para humanos

Nos volvemos gilipollas. Definitivamente, nos estamos ganado la extinción a pulso. Ejemplo práctico: Me han encargado un artículo sobre una nueva moda que está llegando a Europa: comer a base de pienso (llámalo "Comida en Polvo Nutricionalmente Completa"). Son varias las empresas (Joylent, Huel, KÜiK Mealque o Soylent, entre otras) que venden ese polvo que puede convertirse en batido, con el objetivo de que comamos rápido y sano; y con la mejor opción vegetariana y para cuidar el planeta. No es más que una moda que viene de: La idea postmoderna de que ya no existe tiempo para lo innecesario: comer ya no es un placer; es algo que hay que hacer para vivir y, por tanto, se puede delimitar en el tiempo. Muchos gimnasios, y tiendas asociadas, principalmente vinculadas a culturistas la recomiendan a sus deportistas, junto a otros componentes nutricionales que hinchan los músculos (la apariencia sobre el esfuerzo real, luego pasa lo que pasa) La cultura vegana y el ant

Aventuras de Fernán Garces. 1ª Entrada.

I 1488 Arguim El viento azotaba las velas y la nave se movía al vaivén de las olas. Paseé la mirada por la cubierta y vi rostros curtidos que rezaban atenazados por el miedo, pues el mar es madre del marino e igual que arrulla unas veces, castiga los pecados otras muchas. Y aquel día Dios Nuestro Señor parecía dispuesto a castigar los nuestros haciéndonos zozobrar frente a Arguim. La costa se mostraba desafiante, recortada en el cielo de la mañana aparecía grisácea cada vez que La Gitana se alzaba sobre las olas. —¡Maldita la hora en que decidisteis salir, Fernán! —me aferré al timón, ayudando a Jácome para mantenerlo firme. —Era necesario —respondí— Debíamos adelantarnos al resto para realizar esta empresa. —Voto a Dios, Fernán, que la locura de Pedro Cabrón sigue viva en vos. Mi risa fue acallada por el ruido de los truenos y la conversación interrumpida por el fuerte viento que acompañaba la tormenta. Temí por el velamen, pero ya era tarde para recoger el apare