Ir al contenido principal

Crisis

Ando raro últimamente. Y no me refiero a que necesite cambiar de calzado; simplemente parece ser que no soy quien siempre fui. Quizá sea que veo que los 35 vienen a marchas forzadas, y que yo sigo donde estaba. Tal vez sea eso, una suerte de crisis existencial que me lleve a plantearme que es hora de cambiar el utilitario por el deportivo. Pero, la verdad, lo deportivo no me va.

Creo que el problema viene de otro lado. Del hecho necesario de reestructurar mi vida asocial. Yo, que soy un ser que siempre prefirió la compañía de Geralt de Rivia que de Maripili Gamuza; me encuentro ahora en un brete. El de decidir si salir de la cueva eremita  y convertirme en un ser social que aprenda a hablar de Gran Hermano, o seguir siendo yo. Claro que de ser yo como siempre fui tiene un problema: El cine.

Adoro el cine, me gusta ir casi semanalmente cuando la economía no es de guerra, pero ésta guarra vida hace que aquellos que compartían gustos conmigo ya no anden por esta tierra y ahora tenga que ir solo al cine. Y en mi asocial existencia, el cine -como la opera- son actividades sociales a las que se va a acompañado.

Lo peor es que, con tanto cambio uno ya no sabe ni de que habla, pues mi cueva no es asocial y suele ser la cueva de otros más que la propia. Una cueva rellena de buenos amigos, buenas charlas, y mejor comida. Pero si es cierto que algo ha cambiado, hace días que mis letras no ven la luz; puede que ya no tenga nada que decir y eso si sería raro, muy raro. Pero no solo es que mis letras no lleguen al papel, sino que las letras de otros tampoco saltan del papel a mi imaginación. Una maldición autoimpuesta que me impide leer lo que me gusta, que hace que me disguste lo leído.

Habrá quien diga que es el amor, otros lo achacarán al régimen, pero la verdad es mucho más sencilla.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Aventuras de Fernán Garces. 1ª Entrada.

I 1488 Arguim El viento azotaba las velas y la nave se movía al vaivén de las olas. Paseé la mirada por la cubierta y vi rostros curtidos que rezaban atenazados por el miedo, pues el mar es madre del marino e igual que arrulla unas veces, castiga los pecados otras muchas. Y aquel día Dios Nuestro Señor parecía dispuesto a castigar los nuestros haciéndonos zozobrar frente a Arguim. La costa se mostraba desafiante, recortada en el cielo de la mañana aparecía grisácea cada vez que La Gitana se alzaba sobre las olas. —¡Maldita la hora en que decidisteis salir, Fernán! —me aferré al timón, ayudando a Jácome para mantenerlo firme. —Era necesario —respondí— Debíamos adelantarnos al resto para realizar esta empresa. —Voto a Dios, Fernán, que la locura de Pedro Cabrón sigue viva en vos. Mi risa fue acallada por el ruido de los truenos y la conversación interrumpida por el fuerte viento que acompañaba la tormenta. Temí por el velamen, pero ya era tarde para recoger el apare

Toledo, una serie que se queda a medias

Ayer vi Toledo, y supongo que seguiré viéndola mientras sea capaz de soportar la calidad ¿interpretativa? de Maxi Iglesias (alguien, algún día, tendrá que explicar porque a este chico se le siguen dando protagonistas con los buenos actores que hay en España). Aunque como historiador, recreacionista y –mal- esgrimista no puedo más que ponerle algunos peros. 1º.- Cuando haces una serie histórica de pretendida calidad tienes que tener cuidado con los personajes reales. En la serie tenemos al Infante Fernando de la Cerda y al príncipe Sancho; el primero rondando los 16-18 y el segundo superando con creces los 20. Pero la realidad es que Fernando es el segundo hijo  de Alfonso X (nace en 1255) y Sancho es el tercer hijo varón  del rey (nace en 1258), con lo que en la serie debería tener 13-15 años. El primogénito, Alfonso Fernández, Señor de Molina y Mesa, es hijo natural y no entra en la línea sucesoria. 2º.- En varias ocasiones se le llama “príncipe” cuando hasta 1388, con el futu

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán. Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real. Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret,