Ir al contenido principal

En la Isla de los Gatos


Los tres hombres corrieron por el campo, hacia el lugar en el que los sonidos se hacían más fuertes. La vegetación golpeaba sus piernas, y el orondo capitán comenzó a boquear cual vaca vieja en su desesperada carrera. El camino giró abruptamente y mostró ante sus ojos el estrecho cauce de un riachuelo.

-Por el river- gritó sir Charles, saltando sin mojarse el corto margen que le separaba del otro margen.
-¡Ni de coña! –Fat se detuvo repentinamente, en seco, delante de D’Orange, que no pudo detener su carrera.
-Mis disculpas, capitán- tendió la mano al gordo líder de La Marabunta, ahora mojado, que balbuceaba inconfundibles blasfemias en el charco, más que río, que quedaba bajo su gruesa barriga.

Mientras los dos nobles caballeros trataban de elevar en volandas al bajo capitán un sonido les obligó levantar el rostro, perlado de sudor por tamaño trabajo que se traían entre manos. Soltaron el cuerpo y tomaron las espadas cuando una masa informe de algo cayó sobre ellos. Dos veces más había volado sobre sus cabezas, pero hasta que no cayó, literalmente, no lograron ver la que se les venía encima…

--¡Montesimios! –gritaron al unísono preparándose para cargar y preguntándose qué extraño artilugio había usado el antiguo marino y, por pocos minutos capitán, de la Marabunta para llegar hasta ellos.
-¡Quietos!, ¡deteneos! –mostró sus manos desnudas y la liana de hiedra anudada a su cintura- Vengo en son de paz.
-Tú nunca vienes en… ¿de dónde has caído? –dijo Fat con la cara llena de barro.
-Sí, capitán –el aludido miró con suspicacia al adulador-. He vuelto a casa.
-Vamos, que te has hundido y has acabado aquí…
-Me perdí –se encogió de hombros.
-Siempre fui mejor capitán que tu –soltó una risotada Fat, justo en el momento en el que Montesimios, que volvía a ser Jappy, le lanzó un puñetazo que se detuvo en su vuelo fugaz al orondo rostro cuando una flecha cruzó el cielo para clavarse en un árbol cercano.
-Bonito recuerdo – Hernán acariciaba un hermoso felino de blanco pelaje con una joven esbelta, morena y bizca portando un arco a su lado- Pero ahora, hablemos de cosas serias ¿Cuánto estáis dispuesto a pagar por vuestras tripulaciones, capitanes? Sus hombres son ahora mio, los de ambos navíos. Y tengo especial encanto con las mujeres, así que ellas son y serán mías.

Fat y Montesimios se miraron sin decir palabras. Enemigos y amigos, como siempre, hoy tocaba luchar hombro con cadera por recuperar lo que era suyo. Y, sobre todo, por salir de aquella maldita isla de los gatos. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

La casa de los Espejos

En la Alameda, justo frente al monumento al Marqués de Comilla, hay una casa hoy restaurada y convertida en viviendas de lujo. Una casa señorial, con su torre mirador mirando al mar. Buscando en silenciosa soledad el regreso del antiguo dueño. Un capitán abnegado, obligado a partir continuamente para buscar el bien de su familia. De su mujer y su hija. Al pasear por la Alameda no puedo más que mirar a sus ventanas, hoy nuevas, buscando aquel visillo que hace años se movía con el viento que atravesaba el viejo caserón, mostrando el reflejo del sol sobre los viejos cristales que cubrían su pared. Alguna vez miré a la torre, esperando ver allí a la joven hija, oteando el horizonte, deseando que su padre regrese y, tal vez, le traiga un nuevo espejo.

Porque cuenta la leyenda que el capitán amaba a su hija y la mimaba creyendo, tal vez, que al cumplir sus deseos cubriría su ausencia. La hija le pedía a su padre un espejo, y él le traía uno de cada viaje, tantos que al final la casa se cubri…