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Tengo miedo

Hace mucho que no traía a este rincón a Pablo Nerudo, y en estos tiempos de frío y lluviosos días no he podido resistirme a compartir con todos uno de los poemas del genial Neruda que más me gustan. Y no es que mi estado de animo ande gris, ni que el miedo me afecte en exceso -solo temo a los endocrinos vivos y a las enfermeras muertas, y ni unos ni otros son muy frecuentes-. Pero este poema suele venir a mí de forma recurrente cuando el invierno llega de verdad. Esos dos o tres días en los que el sol desaparece.

Aunque, como todo en esta vida, tiene un significado mucho más profundo que el tiempo, y ese cielo que se abre como boca de muerto puede entenderse como una vida cargada de terrores, de tristezas y sin sabores que el sol, la alegría desbordante, termina acallando para siempre... o durante un rato.



Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.

Tengo miedo -Y me siento tan cansado y pequeño
que reflojo la tarde sin meditar en ella.
(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño
así como en el cielo no ha cabido una estrella.)

Sin embargo en mis ojos una pregunta existe
y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.
¡No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo de una calma agonía
sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde.
Agoniza Saturno como una pena mía,
la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde.

Y por la vastedad del vacío van ciegas
las nubes de la tarde, como barcas perdidas
que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.
Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.

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