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La Luz (XI)


Llegó a casa a media tarde y encontró a Marta en el sofá, viendo Salvame y riéndose con aquella pela de gallos. Siempre le había irritado el programa pero, por alguna razón, se alegró de escucharlo y ver a su esposa sentada frente a la televisión. Se sentó junto a ella, y entrelazo los dedos con los de su mujer. Marta le miró, sorprendida de aquella extraña reacción.

-¿Qué pasa, papá?- desde que habían nacido sus hijos se había acostumbrado a llamarlo así y ya nunca decía su nombre -¿A qué viene esto?
-Te estoy perdiendo –dijo triste- y no quiero. Te necesito a mi lado, Marta. Sé que no soy el mejor marido del mundo, pero te necesito.  Antes, siempre te contaba mis cosas y escuchaba lo que tenías que decirme, pero ahora no hablamos nunca. De nada. Marta dime una cosa ¿hay otro?

Ella comenzó a reír y, ante su sorpresa, le plantó un beso en la cara.

-¡Qué tonto eres! ¿Cómo va a ver otro? No, no… me siento sola a veces, sí, pero nunca se me pasaría por la cabeza. No, no. Simplemente me aburro, ya no hay nada que hacer en casa. Los niños no están y tú pasas muchas horas en la comisaria. Pero ya está, jamás podría haber otro.

Respiró aliviado y se dejó caer sobre su regazo, aguantando los gritos de Paz Padilla mientras los tertulianos hablaban de la relación de Belén Esteban hasta que se quedo dormido. Soñó con la comisaría, y con los tres taxistas dentro de la sala ¿Qué había ocurrido? Revivía el vídeo que le había mostrado Echevarría, pero él estaba dentro de la sala, apoyado en la pared del fondo tratando ver quién había entrado. Le puerta se habría, eso lo veía con claridad, pero luego no había más que una sombra. De pronto se veía fuera de la sala, junto a Juan Ramón el policía recién llegado que debía vigilar las puertas. “¿Te fías de todos tus compañeros?” le decía sin despegar los labios. “No puede ser”, gritó en sus sueños hasta despertarse.

-¿Qué te pasa, cariño?- Marta estaba de pie, junto a la puerta de la cocina.
-Una pesadilla, solo eso. Este caso me trae loco. ¿Quién está detrás de todo y cómo se produjo la agresión en la comisaría?
-Sería alguien de dentro –dijo confiada Marta.
-Echevarría dice lo mismo… pero no me lo puedo creer.
-¿Los conoces a todos? Son de confianza.
-Sí, bueno creo. Son policías, están para servir.
-Tú estas para servir, cariño. Pero no todos son como tú ¿Cuántos casos de corrupción habéis tenido en Cádiz con la droga? Quizá alguien ha dado un paso más.
-No sé. Además, la sala estaba vigilada por Juan Ramón.
-Nunca te oí hablar de él ¿Quién es?
-Un policía nuevo. Es de Cádiz y lleva con nosotros un par de meses, solemos volver juntos en el bus, porque vive por aquí cerca. Estaba en la puerta de la sala cuando pasó todo, pero tuvo un despiste y dejó la puerta sin vigilancia 5 minutos. Solo por eso no se le puede acusar de nada.
-¿Confías en él?
-No tengo motivos para no hacerlo.
-Aun así, no me digas que no es sospechoso.
-Si lo conocieras…
-¿Recuerdas a Jorge? Ahí tienes tu respuesta.

Tuvo que asentir, jamás pudo pensar que el hijo de su amigo fuera un cruel asesino. Pero, aunque no quería creerlo sabía que así era. Quizá ahora estuviera cayendo en el mismo error. Quizá se había cegado pero, siendo así ¿qué motivos tenía Juan Ramón para hacer desaparecer a cuatro hombres?

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