Ir al contenido principal

Violencia en el fútbol

Los fines de semana suelen ser tiempo de deporte y familia. Desde hace mucho tiempo, en mi caso, me voy con mi hermano, mi padre cuando venía y mis sobrinos cuando hacen los propio al Carranza a disfrutar (sufrir más bien) con el Cádiz de mis colores. Durante un tiempo mi sobrino el mayor acudía con su camiseta de rayas verdi-blancas como buen bético que era por aquel entonces. En los Cádiz-Betis el niño lo pasaba realmente mal y cuando su equipo perdía 2-1 contra el mío, lloraba y se enfadaba mientras los vecinos de asiento le intentaban consolar sabiendo que el pequeño bético iba con la camiseta del Córdoba -cosa de uno de sus tíos que no conocía de escudos- pero que el se sentía del Betis en Carranza. Y eso, que quieren que les diga, me hacía sentir orgulloso de esa afición de la que formo parte. Pero ayer, viendo las imagene lamentables que se producían en el Reino de Navarra no podía más que preguntarme que narices está ocurriendo en el mundo del fútbol -y en la sociedad en general-

No es normal que un joven de la edad que sea y en el estado que sea, increpe a alguien por acudir al estadio con la camiseta de su equipo. Pero cuando la persona increpada lleva entre sus brazos a un niño de no más de cinco años la situación se vuelve absolutamente lamentable. Reprochable por todos y denunciable ante las autoridades competentes. Individuos como ese individuo no deberían volver a pisar un estadio en sus vidas.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

La casa de los Espejos

En la Alameda, justo frente al monumento al Marqués de Comilla, hay una casa hoy restaurada y convertida en viviendas de lujo. Una casa señorial, con su torre mirador mirando al mar. Buscando en silenciosa soledad el regreso del antiguo dueño. Un capitán abnegado, obligado a partir continuamente para buscar el bien de su familia. De su mujer y su hija. Al pasear por la Alameda no puedo más que mirar a sus ventanas, hoy nuevas, buscando aquel visillo que hace años se movía con el viento que atravesaba el viejo caserón, mostrando el reflejo del sol sobre los viejos cristales que cubrían su pared. Alguna vez miré a la torre, esperando ver allí a la joven hija, oteando el horizonte, deseando que su padre regrese y, tal vez, le traiga un nuevo espejo.

Porque cuenta la leyenda que el capitán amaba a su hija y la mimaba creyendo, tal vez, que al cumplir sus deseos cubriría su ausencia. La hija le pedía a su padre un espejo, y él le traía uno de cada viaje, tantos que al final la casa se cubri…