Ir al contenido principal

Seven

Hay películas que nunca, jamás, pasan de moda. Algunas se convierten en clásicos, otras pocas se hacen nueva en cada visionado y unas pocos, muy pocas, son tan especiales que salen de cualquier categoría. Y Seven (David Fincher, 1995) es de esas. Han pasado casi 12 años desde que se estrenó y aun así sigue siendo actual y no se hace "vieja".

Verla sigue siendo un placer para el cinefilo y para los amantes del cine negro. Con unas interpretaciones redondas y con un Brad Pitt que ya mostraba el grandisimo actor que sería (que es), acompañando a Morgan Freeman. La dirección de Fincher es magnifica y engrandece la obra de la pareja de protagonistas pero hay algo aún mejor, ese algo que la hace especial: su guión. Andrew Kevin Walker crea una historia intrigrante, dura, oscura, fantastica. La historia nacida de Walker es, sin duda, una de las mejores rodadas en los últimos 50 años, al nivel de Psicosis o de El tercer hombre. 

Una de esas pelícuas de las que no se puede, no se debe, hablar. Hay que verla dejando que cada escena sorprenda por más conocidas que sean. Sin importar las veces que ya la hayas visto, hay que dejarse llevar, adentrarse en la oscura atmosfera de los apartamentos, los pisos, los asesinatos, los vivos y los muertos. Dejarse arrastrar hasta el final, cuando la realidad se hace patente, cuando "John" cuenta su realidad y completa su obra maestra. La obra maestra de Fincher.

Una cinta que nos habla del fanatismo, de la locura, de la sin razón frente a la razón. Que conduce por los siete pecados capitales en un camino sin retorno hasta el infierno, para dejar el cielo solo al alcance de la propia película. Una de esas que se hace eterna.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Aventuras de Fernán Garces. 1ª Entrada.

I 1488 Arguim El viento azotaba las velas y la nave se movía al vaivén de las olas. Paseé la mirada por la cubierta y vi rostros curtidos que rezaban atenazados por el miedo, pues el mar es madre del marino e igual que arrulla unas veces, castiga los pecados otras muchas. Y aquel día Dios Nuestro Señor parecía dispuesto a castigar los nuestros haciéndonos zozobrar frente a Arguim. La costa se mostraba desafiante, recortada en el cielo de la mañana aparecía grisácea cada vez que La Gitana se alzaba sobre las olas. —¡Maldita la hora en que decidisteis salir, Fernán! —me aferré al timón, ayudando a Jácome para mantenerlo firme. —Era necesario —respondí— Debíamos adelantarnos al resto para realizar esta empresa. —Voto a Dios, Fernán, que la locura de Pedro Cabrón sigue viva en vos. Mi risa fue acallada por el ruido de los truenos y la conversación interrumpida por el fuerte viento que acompañaba la tormenta. Temí por el velamen, pero ya era tarde para recoger el apare

Toledo, una serie que se queda a medias

Ayer vi Toledo, y supongo que seguiré viéndola mientras sea capaz de soportar la calidad ¿interpretativa? de Maxi Iglesias (alguien, algún día, tendrá que explicar porque a este chico se le siguen dando protagonistas con los buenos actores que hay en España). Aunque como historiador, recreacionista y –mal- esgrimista no puedo más que ponerle algunos peros. 1º.- Cuando haces una serie histórica de pretendida calidad tienes que tener cuidado con los personajes reales. En la serie tenemos al Infante Fernando de la Cerda y al príncipe Sancho; el primero rondando los 16-18 y el segundo superando con creces los 20. Pero la realidad es que Fernando es el segundo hijo  de Alfonso X (nace en 1255) y Sancho es el tercer hijo varón  del rey (nace en 1258), con lo que en la serie debería tener 13-15 años. El primogénito, Alfonso Fernández, Señor de Molina y Mesa, es hijo natural y no entra en la línea sucesoria. 2º.- En varias ocasiones se le llama “príncipe” cuando hasta 1388, con el futu

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán. Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real. Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret,