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Domingo de Carnaval (IV)

Navarro se sentó junto a Cholo, mirándolo silencioso. Odiaba tener que hacer aquello, pero no había más remedio.

-¿Cuándo fue la última vez que viste a tu amigo?-evitó usar su nombre, siempre lo hacía así intentaba olvidar que habla de alguien concreto –Estabais cerca de San Antonio, supongo.
-Sí, sí. Estábamos en la calle principal que llega hasta la plaza. Estábamos con unas diablesas sevillanas.
-¿Cómo se llamaban? –interrumpió Echevarri.
-No lo sé, ¿cómo iba a saberlo? No les preguntamos el nombre, simplemente hablamos con ellas para intentar…
-¿Follároslas?
-Sí, ¡no!, bueno…
-Continua- Navarro envió una mirada reprobadora al forense, aun comprendiendo lo que su amigo pretendía.
-Tonteábamos con ellas cuando el loco, Juanlu –se corrigió- empezó a gritarnos algo sobre un enano. La verdad es que no recuerdo que decía.
-¿Y el enano?¿puedes decirme algo de él? Quizá eso pueda abrirnos una pista. Cualquier cosa que recuerdes será importante.
-No sabría que decirle. Iba cubierto con una capa y miró por encima de nosotros. Me pareció demasiado alto para ser un enano, pero ¡yo que sé!, había bebido mucho y Juanlu tampoco se había quedado corto.

Navarro apuntó en su vieja libreta el dato sobre el cojo, quizá alguien más hubiera visto al hombre, aunque lo dudaba. La noche de carnaval era el peor día para que ocurriese algo así. La población de la ciudad se multiplicaba por dos y la mayoría de los gaditanos estaban fuera de Cádiz. Nadie conocía a nadie, y los informadores habituales no estaban en la calle. Otro día cualquiera podría haber ido a hablar con Mitchel, un inglés que solía dormir en a la entrada del pasaje. Pero el sábado tanto él como otros muchos mendigos buscaban refugio en los cajeros de los bancos de Canalejas.


-Juanlu nos llamó, nos dijo que fuéramos con él, pero en ese momento una de las diablesas me metió mano… ¿quién iba a querer seguir a un puto enano cojo?
-¿Cojo? Eso no lo dijiste antes- Echevarri me miró mientras apuntaba el dato- ¿Qué más recuerdas hijo?
-No jodas. No pudo ser él. ¡Mierda! Si le hubiera seguido ahora estaría vivo.
-O los dos estaríais muerto- terció el vasco-. Tú no eres el culpable de la muerte de tu amigo. Su asesino es el culpable, ¿lo entiendes verdad?

Pero Cholo había roto a llorar, como si en ese mismo instante se diese cuenta de la verdad de todo lo ocurrido. Echevarri se levantó, llenó un vaso de agua y lo depositó en una mesita frente al joven.

-¿quieres que llamemos a alguien?- preguntó Navarro- ¿a tus padres tal vez?
-¡NO!- grito Cholo- a ellos no…

Comentarios

rlfox ha dicho que…
¿Por qué a la mayoría de los escritores os encanta mezclar la explosión vital de una fiesta popular con el más negro de los actos humanos como es el asesinato?
¿Quizás no exista mejor momento para destruir la alegría del alcohol y otros placeres?
¿Por ello siempre aparece quienes si dominan el terreno, siendo los baluartes del infiel mundo que nos acecha?
Javier Fornell ha dicho que…
Bueno, si y no. Quiero decir, me gustan los momentos concretos, pero en este caso, la única razon es que empece a escribirlo el domingo de carnaval, jajajaja

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