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Domingo de Carnaval (III)

Navarro esperó hasta que Cholo llegó a la comisaria. Había pedido que lo llevaran a la pequeña sala que compartían los inspectores en la segunda planta y, en cuanto recibió la llamada confirmando su llegada, buscó a Echevarri.

-Ya está aquí el crío, vamos- le dijo desde la puerta del despacho del vasco. Dejó vagar la mirada por las paredes del pequeño cubículo que usaba su amigo, cubiertas de fotografías de viejos casos resueltos y de amigos ya fallecidos.

Echevarri llevaba treinta años en la profesión, veinte de ellos en Cádiz; sus rarezas habían provocado que  pese a su brillante trayectoria académica, no lograse afianzarse en ninguna de las grandes capitales, pero en Cádiz había encontrado su lugar y se había hecho un nombre entre los mejores forenses de España. Navarro conocía de sobra su valía y cuando fue destinado a la policía judicial tiró de su viejo compañero, y juntos habían formado una pareja tan curiosa como respetada en el mundillo.
El forense se levantó pesadamente del sillón, moviendo el marco de la única foto sobre el escritorio: tres hombres de mediana edad miraban sonrientes a cámara. Echevarri con sus trenzas largas y una camisa de flores; Navarro rompía su seriedad con una tímida sonrisa y pasaba el brazo sobre el hombro del teniente González, vestido con su uniforme de la Guardia Civil.
-No lo pienses más, Juan ya no está con nosotros. Vamos a hablar con el joven.

Navarro asintió, no tenía sentido pensar en el final de su viejo amigo. Y menos con el chico muerto encontrado y la prensa pululando por la comisaria. Asintió y dejó la foto en su posición inicial y subieron a la pequeña sala. Cholo estaba asustado, miraba nervioso a la ventana y se frotaba las manos insistentemente. Tenía el pelo rizado, rubio y largo, hasta los hombros. Las ojeras mostraban la resaca de una larga noche y el disfraz de pirata estaba sucio y olía a orín y ginebra.

-¿Cuál es tu nombre, chico?- preguntó Navarro ofreciéndole un vaso de agua.
-Cholo, señor ¿dónde está Juanlu?
-Juan Luis Gutiérrez ¿ese es tu amigo, verdad? –el joven asintió con la cabeza y observó el DNI que Echevarri le tendió- ¿este es tu amigo?
-Sí, sí, es Juanlu ¿dónde está? ¿qué le ha pasado?
-Anoche ocurrió algo, así que necesitamos que nos ayudes a entender que pasó- le dijo Navarro.
-Pero ¡Y mi amigo! ¿lo tenéis aquí?- Cholo saltó, nervioso- ¡No ha hecho nada!
-Cholo, tranquilo, hijo. Siéntate y escucha con atención. Tenemos que decirte algo y no va a ser fácil –Navarro odiaba aquello, odiaba tener que decirle a un crío que su amigo estaba muerto y que lo habían matado cruelmente-. Anoche pasó algo. Juan Luis se separó de vosotros ¿verdad? Y después... después ocurrió una terrible desgracia. Queremos saber que ocurrió y te necesitamos para llegar al final de todo esto. Debes mantenerte fuerte por tu amigo. Juan Luis no se fue con ninguna chica, no que sepamos. Pero entró en un portal cercano a la calle Ancha, o tal vez le llevaron hasta allí. Y allí… -Navarro miró a Echevarri, buscando el apoyo de su amigo- allí lo encontramos está mañana. No hemos podido hacer nada por salvarle la vida, cuando llegamos ya era tarde. Muy tarde.

El joven los miró sin entender que estaba ocurriendo, no podía creer lo que acaba de escuchar. Era imposible que su amigo estuviera muerto, pero aquello no podía ser una broma. La policía no estaba para eso. Miró por la ventana y vio como la prensa comenzaba a apostarse en la entrada de la comisaria.

-¿Lo han matado?- preguntó antes de echarse a llorar.

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