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Paraíso e infierno

Ya lo dijo Torquemada: Cádiz es la puerta del paraíso. Y debe ser así, porque mientras en media España se quejan de la lluvia y en la otra media del frío, aquí volvemos a las mangas cortas. En mitad de diciembre, pasado ya el puente de la Inmaculada, el calor invita a caminar por el paseo marítimo, o a irse a visitar los pueblos blancos de nuestra sierra. Apetece destaparse, sentarse en terrazas mirando al mar, charlando con los amigos mientras te tomas un café o un tinto de verano –según sea la hora-. Ayer las temperaturas alcanzaron los 25º. A las 12 de la noche, cuando escribía esto, estaba en mangas cortas y con las ventanas abiertas y eso me ha llevado a pensar en muchas cosas. Entre otras cosas en la suerte que tengo de vivir a las puertas del paraíso y la mala suerte que tienen mis vecinos del sur, marroquíes unos y saharauis otros, de vivir en una terrible dictadura sometidos por la tiranía de un rey absolutista que se cree fuerte ante el resto del mundo y  en el consentimiento de ese resto del mundo, que permite que se pisoteen derechos y vidas. Que levantan la voz cuando los medios de comunicación centran su mirada en la noticia y que se deshacen en la nada cuando esos mismos medios giran sus focos a otros lugares más lucrativos. Hace dos semanas nuestras televisiones se llenaban de imágenes del Sáhara, hoy ni una sola noticia sobre la situación de ese pueblo tan unido a nosotros por la historia.

Y mientras, nosotros, paseamos tranquilos frente al mar que separa el paraíso del infierno.

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