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Fernando III el Santo

Fernando no debía haber sido rey, jamás. El matrimonio de su madre Berenguela con su padre Alfonso (IX de León) había sido declarado nulo, y en Castilla reinaba su tío Enrique I, aún un niño cuando accedió al trono, lo que parecía indicar un largo reinado. Pero el destino se puso de su lado, y la muerte fortuita de su tío a la edad de 13 años mientras jugaba con otros niños hizo que la corona pasase a su madre (Berenguela I) que en 1217 renuncia al trono. Desde ahí se inicia uno de los reinados más importantes de nuestra historia.

Fernando III accedió al trono castellano a la muerte de su tío Enrique I y después de que su madre (Berenguela) abdicase en él en el año de 1217. Nada hacía pensar entonces que el joven monarca lograría situar a Castilla –aún a la sombra leonesa- a la cabeza de los reinos peninsulares. Sin embargo, así fue. Hasta 1230, fecha en la que heredaría el trono de León a la muerte de su padre Alfonso IX, Fernando aprovechara las luchas internas entre los musulmanes para llegar hasta Baza, abriendo la puerta a la conquista de Andalucía mediante una perfecta combinación de diplomacia y guerra.

En 1230, a la muerte de su padre, se niega a aceptar su testamento, que dividía el reino de León entre sus hermanastras Dulce y Sancha, hijas de Teresa de Portugal, pero no necesitó enfrentarse militarmente a ellas para hacerse con el trono. Nuevamente buscaría el camino de la diplomacia y con ayuda de su madre Berenguela conseguió que Teresa aceptase la renuncia de sus hijas al trono a cambio de tierras y rentas en el llamado Tratado de Valencia de Don Juan. Desde ese momento y, ya definitivamente, las coronas de Castilla y León quedarán unificadas, si bien mantendrán cortes propias. Hasta su muerte, el rey se centra en la conquista de los reinos taifas, avanzando por el valle del Guadalquivir hasta Sevilla. En 1231 ocuparía Cazorla y el avance sería imparable hasta el 1248, cuando las tropas castellanas llegan hasta la gran ciudad del sur peninsular. Durante 15 meses la ciudad mantendrá el asedio, hasta que D. Ramón de Bonifaz ascienda por el río con una flota cántabra. Se cerraba el cerco sobre la ciudad que se veía obligada a capitular ante la superioridad castellana y se convertía en la cabeza del reino y en la ciudad más importante de la nueva Castilla que ya resurgía.

Fernando no quiso detenerse, sabiendo que el peligro provenía del norte de Áfricas, continuó su avance al sur, conquistando las ciudades de Arcos y Medina Sidonia y preparando el asalto al continente vecino, que no pudo llevar a cabo pues la muerte se cobró su vida en 1252.

Pero la importancia de su reinado no puede medirse sólo en el avance de tierras. El rey santo (fue canonizado en 1671) también fue capaz de controlar el amplio territorio, reforzando la unión de ambos reinos y fortaleciendo el control sobre las ciudades. Realizó una política de repoblación e implantó el castellano en todo el reino en detrimento del latín.

Fue enterrado en Sevilla y, aquel joven infante hijo de un matrimonio anulado y sin aspiraciones a trono alguno fue enterrado bajo el epitafio elaborado por su propio hijo, el futuro rey Alfonso X:

"aqui yace el muy onrado hernando señor de Castiella, e de Toledo, e de Leon, e de Galicia, de Sevilla, de Cordova, de Murcia, de Jahen, el que conquisso toda España, el mas leal, el mas verdadero, el mas franco, el mas esforzado, el mas apuesto, el mas granado, el mas sofrido, el mas homildoso, el que mas temie a Dios, el que mas le fazie servicio, el que quebranto e destruyo a todos sus enemigos, el que alzo e onro todos sus amigos, e conquisso la ciudad de Sevilla, que es cabeza de toda España, e passo en el postrimero dia de mayo, en la era de mil e cc e noventa"

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