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William & Jane

William estaba abatido. No comprendía porque ahora todas las miradas se fijaban en él. Había sido un accidente. Jamás quiso disparar a su padre. Es más, el disparo se produjo cuando intento evitar que el reverendo le matase. Nadie podía acusarle de nada ¿porqué el pastor no contaba la verdad?

Las carreras volvieron a los pasillos, el doctor Magon se detuvo junto al sargento Joseph, su rostro ceniciento aventuraba malas noticias.

-Sir Walter no ha resistido. No he podido hacer nada- se miró la levita manchada de sangre-. La herida era demasiado profunda, he podido sacar la bala, pero no he logrado detener la hemorragia y ha perdido la conciencia.
-¿Qué has hecho William? ¿cómo has podido asesinar a tu propio padre?- William se giró sorprendido ante las preguntas del reverendo -¿podrás vivir con esto?
-No he hecho nada- susurró antes de gritar -¡HAS SIDO TÚ!
-¿Alguien puede explicarme qué ha pasado?- pregunto el sargento Joseph que aún no había logrado comprender qué estaba sucediendo.
-Vine a ver a Walter –dijo el reverendo North- porque William ha intentado propasarse con mi hija. Estábamos discutiendo sobre ello cuando el joven ha entrado en la sala y se ha encarado a mí. Sargento, he tenido miedo por mi vida. William estaba fuera de sí. Walter era un hombre recto, si pudiera hablar confirmaría lo que estoy diciendo –el joven lord no podía creer lo que estaba ocurriendo, él no había disparado, nada había pasado así- pero ya no podrá hacerlo. Ahora sólo nos queda rezar por su alma, y por la de este joven descarriado –el propio North comenzaba a sorprenderse de la facilidad con la que la mentira fluía- que ha asesinado a su propio padre.
-Yo no lo he matado –masculló William-. Sargento, nada ha sucedido así. El reverendo miente.
-¿Cómo puedes decir que yo, un servidor de Dios, estoy mintiendo? ¿también ese pecado quieres cometer? –el sargento los miró a los dos, perplejo, esperando que algo le descubriera la verdad –Reconoce que lo único que deseas es yacer con mi hija.
-¡Maldito mentiroso!¡como osas decir eso!- William se lanzó contra el sacerdote -¡amo a vuestra hija igual que amo a mi padre! Jamás le haría daño a ninguno de los dos. Eres tú el culpable de todo esto.
-Todos te vieron en la iglesia William- el sargento apartó al joven, convencido de que la verdad se escondía en las palabras del reverendo North.

William se revolvió, soltándose de las manos que le asían para intentar huir por el pasillo. El sargento uso el silbato y sus hombres le cortaron el paso. Mientras el reverendo sonreía sabiendo que lograría apartar al joven de su hija definitivamente

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