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Paella

Hay días un poco excepcionales dentro de la normalidad. En  mi caso, la normalidad es pasar el fin de semana en Roche, tranquilo y relajado, disfrutando en invierno del calor de la chimenea y en verano de las agradables temperaturas.

En la mayoría de los casos, las pandillas de amigos nacidas en la infancia en urbanizaciones como esta acaban deshaciéndose. En la mayoría de los casos, se comienzan a buscar otras cosas, otras diversiones, otras amistades y otros intereses que acaban deshilachando los hilos de unión hasta perderse sin remedio.

Pero no es nuestro caso. Cada fin de semana seguimos viviendo, buscando a unos amigos que también vemos entre semana. Como si la edad, en vez de alejarnos, nos hubiera unido para siempre. Quizá sea así, nuestros hilos son fuertes, mucho, demasiado, y sin importar la distancia ni el tiempo transcurrido, seguimos unidos. Anoche entorno a una parrilla y una chimenea, hoy con una paella. Cualquier excusa es valida para corroborar que esta amistad es mucho más que una simple amistad. Que somo ya, de forma inexorable, una familia elegida donde cada individuo aporta su parte para lograr la mayor riqueza que un hombre pueda tener.

Así que hoy, dentro de la normalidad, es un día excepcional.

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