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Lo hice...

Lo reconozco, lo he hecho. Fuí. Con más vergüenza que miedo. Pero fui. Despacito, con excusas, como el que no quiere la cosa, como el que de antemano sabe que no debería ir. Casi a escandidas. Para que nadie viera mi pecado. Pero pecando. Entre, vi y me reí. ¡Lastima de mí!, que bajo he caído. Pero no lo puede evitar. Otros, conmigo, no disfrutaron igual. Hasta dormitaron viendo el ¿espectáculo? Pero yo aguante, despierto, riendo, sorprendiéndome incluso. Lo hice. Y ahora lo digo sin problemas: volvería a hacerlo. Fui, lo reconozco. Yo soy uno de los mortales que ha pagado para ver “Hincame el diente”. Y, he de ser sincero, me gustó más que “El americano”.

Es una comedia sin más pretensiones que reírse de la moda del cine/literatura/televisión vampirico. Y se ríen a base de bien. Diálogos absurdos y escenas que parecen sacadas de aquellas magnificas comedias de Leslie Nielsen. Una parodia de la saga Crepúsculo, con una actriz protagonista que, en ocasiones, supera la interpretación de la original. Curioso, sin duda. Cargado de gags fáciles de entender en España, unidos a otros cuya traducción es menos afortunadas y que denotan que el dialogo original mostraba más inteligencia que el doblado. Acostumbrado a que estas cintas de humor se carguen de chabacanería (véase la saga “American Pie” que ya ha llegado a su octava entrega), “Hincame el diente” es un soplo de aire poco viciado. Se deja ver, te entretiene y pasas un buen rato, siempre y cuando hayas visto antes la saga Crepúsculo.

Así que sí, lo reconozco, fui con más vergüenza que miedo y me reí.

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