Ir al contenido principal

Lo hice...

Lo reconozco, lo he hecho. Fuí. Con más vergüenza que miedo. Pero fui. Despacito, con excusas, como el que no quiere la cosa, como el que de antemano sabe que no debería ir. Casi a escandidas. Para que nadie viera mi pecado. Pero pecando. Entre, vi y me reí. ¡Lastima de mí!, que bajo he caído. Pero no lo puede evitar. Otros, conmigo, no disfrutaron igual. Hasta dormitaron viendo el ¿espectáculo? Pero yo aguante, despierto, riendo, sorprendiéndome incluso. Lo hice. Y ahora lo digo sin problemas: volvería a hacerlo. Fui, lo reconozco. Yo soy uno de los mortales que ha pagado para ver “Hincame el diente”. Y, he de ser sincero, me gustó más que “El americano”.

Es una comedia sin más pretensiones que reírse de la moda del cine/literatura/televisión vampirico. Y se ríen a base de bien. Diálogos absurdos y escenas que parecen sacadas de aquellas magnificas comedias de Leslie Nielsen. Una parodia de la saga Crepúsculo, con una actriz protagonista que, en ocasiones, supera la interpretación de la original. Curioso, sin duda. Cargado de gags fáciles de entender en España, unidos a otros cuya traducción es menos afortunadas y que denotan que el dialogo original mostraba más inteligencia que el doblado. Acostumbrado a que estas cintas de humor se carguen de chabacanería (véase la saga “American Pie” que ya ha llegado a su octava entrega), “Hincame el diente” es un soplo de aire poco viciado. Se deja ver, te entretiene y pasas un buen rato, siempre y cuando hayas visto antes la saga Crepúsculo.

Así que sí, lo reconozco, fui con más vergüenza que miedo y me reí.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Aventuras de Fernán Garces. 1ª Entrada.

I 1488 Arguim El viento azotaba las velas y la nave se movía al vaivén de las olas. Paseé la mirada por la cubierta y vi rostros curtidos que rezaban atenazados por el miedo, pues el mar es madre del marino e igual que arrulla unas veces, castiga los pecados otras muchas. Y aquel día Dios Nuestro Señor parecía dispuesto a castigar los nuestros haciéndonos zozobrar frente a Arguim. La costa se mostraba desafiante, recortada en el cielo de la mañana aparecía grisácea cada vez que La Gitana se alzaba sobre las olas. —¡Maldita la hora en que decidisteis salir, Fernán! —me aferré al timón, ayudando a Jácome para mantenerlo firme. —Era necesario —respondí— Debíamos adelantarnos al resto para realizar esta empresa. —Voto a Dios, Fernán, que la locura de Pedro Cabrón sigue viva en vos. Mi risa fue acallada por el ruido de los truenos y la conversación interrumpida por el fuerte viento que acompañaba la tormenta. Temí por el velamen, pero ya era tarde para recoger el apare

Toledo, una serie que se queda a medias

Ayer vi Toledo, y supongo que seguiré viéndola mientras sea capaz de soportar la calidad ¿interpretativa? de Maxi Iglesias (alguien, algún día, tendrá que explicar porque a este chico se le siguen dando protagonistas con los buenos actores que hay en España). Aunque como historiador, recreacionista y –mal- esgrimista no puedo más que ponerle algunos peros. 1º.- Cuando haces una serie histórica de pretendida calidad tienes que tener cuidado con los personajes reales. En la serie tenemos al Infante Fernando de la Cerda y al príncipe Sancho; el primero rondando los 16-18 y el segundo superando con creces los 20. Pero la realidad es que Fernando es el segundo hijo  de Alfonso X (nace en 1255) y Sancho es el tercer hijo varón  del rey (nace en 1258), con lo que en la serie debería tener 13-15 años. El primogénito, Alfonso Fernández, Señor de Molina y Mesa, es hijo natural y no entra en la línea sucesoria. 2º.- En varias ocasiones se le llama “príncipe” cuando hasta 1388, con el futu

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán. Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real. Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret,