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El Tempranillo

Nació José María en la tierra de Lucena y Dios quiso que su nombre se uniera pronto al acero. ¡Maldito el día en que echó mano a la navaja para acabar sus problemas! Quince años contaba en la romería de San Miguel, cuando un hombre malnacido se acercó molestando a Clara, la que llenaba su joven corazón. Y José María defendió el honor de su amada y en duelo de navajas dio muerte al canalla. Y tras la muerte, vino la huida y las mujeres, viéndolo cabalgar en busca de la inmortalidad que estaba por venir, le gritaban, ¡Que temprano, José María, que temprano! Y su temprana marcha dio nombre al mito. Con solo veinte años el Tempranillo era querido, odiado, respetado y admirado en toda la Andalucía. Poco a poco ganó fama de buen ladrón: robaba a los ricos, repartía entre los pobres. En España manda el Rey, pero en Sierra Morena manda "el Tempranillo”, se decía. Ni cruento ni violento, cortes era hasta en el robo “mano tan hermosa no necesita alhajas” decía a las damas que suspiraban por el bandolero mientras las joyas le robaba.

Nadie podía pensar, que alma penada del temible bandolero fuera a caer prendada en las garras de una bella gaditana. María Jerónima Francés casó con el Tempranillo y el día de Reyes de 1832 en un cortijo cerca de Grazalema, dio a luz al hijo de José María. Pero los migueletes ¡Traidores, asesinos! Aprovecharon el momento y rodearon el cortijo atacando a la casa. El Tempranillo respondió al ataque y, en medio de los disparos y el pánico, María murió por la bala traidora de los perros del rey Fernando y el niño recién nacido a duras penas sobrevivió. José María, sabiendo que la vida de su hijo dependía de sus acciones, controló su dolor y sus ganas de venganza, se ató el cuerpo de su amada muerta a la espalda, a su hijo puso en la faja y salió al galope del cortijo montado en su caballo en medio de los disparos de los migueletes sin resultar ni siquiera herido. Al día siguiente entregó el cadáver de María su familia. El 10 de enero fue a bautizar a su hijo en la iglesia de Grazalema. Cuando llegó, la gente asustada se escondía en sus casas temiendo que el bandolero pagará en el pueblo la traición que llevó a los migueletes hasta su amada, pero "el Tempranillo" no hizo nada.

En agosto del año, el rey traidor Fernando VII prometió el indulto a aquellos que abandonasen los caminos. Y el Tempranillo, cansado de la violencia de los suyos, hastiado de una vida marcada por la sangre y el infortunio, deseando establecerse y ver crecer a su hijo, aceptó la promesa del monarca. Y el rey de Sierra Morena inició la caza de sus antiguos compañeros. Infortunado hasta el final, por fin libre de persecución, por fin hombre de ley. Pero una traición, una maldita traición, acabó con su vida a los veintiocho años de edad. El rey de la Sierra, el buen ladrón, el amante marido, el abnegado padre, el joven que llegó a ser temido y respetado, dejó los caminos de Andalucía para caminar junto a su amada María Jerónima por toda la eternidad.

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