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Ramiro III y Bermudo II

Después del asesinato de su padre, Sancho I el Craso, y la minoría de edad de Ramiro, el reino quedó sometido a la infanta Elvira Ramírez –su tía- y su madre la reina Teresa Ansúrez, que después de enviudar, profesó en el Monasterio de San Pelayo de Oviedo donde llegó a ser abadesa dejando el gobierno efectivo en Elvira. El reinado de Ramiro III (966-984) no tiene grandes hazañas para reseñar. Ratificó la paz con Al-Hakam II y derrotó a los piratas vikingos. Poco más. Menos aún con la llegada al trono califal de Hisham II y el fin de la paz, con las tropas musulmanas comandadas por Almanzor campando a sus anchas por el reino.

Quizá, el hecho más importante de su reinado llegó con la mayoría de edad. Ramiro III trató de instaurar una monarquía absolutista –los monarcas peninsulares siempre estuvieron controlados por las cortes- que favoreció el creciente sentimiento separatista del Condado de Castilla y de Galicia del Reino de León. En el 982, y tras el aumento del descontento aristocrático nacido de la derrota leonesa en San Esteban de Gormaz (976), los nobles se sublevaran contra el rey, proclamando nuevo monarca a Bermudo II, hijo de Ordoño III de León, que asumió el poder de los reinos de Galicia y Portugal hasta la muerte de Ramiro en el 984.

Bermudo II, el Gotoso, fue coronado en Santiago de Compostela, iniciándose una guerra civil que no terminó de decantarse hasta dos años después. En el 985 Ramiro III era expulsado de León y poco después fallecía, dejando un reino muy dañado a su sucesor. Bermudo II solicitó el protectorado de Córdoba, reconociendo la supremacía musulmana. Pero en el 986 decide atacar y recuperar Zamora. Almanzor tomó entonces la iniciativa, derrotando una y otra vez al leones, que también debía enfrentarse a graves problemas internos, hasta que en el 997 toma Santiago de Compostela. Dos años después, ya sin posibilidad de cabalgar y con su enfermedad en el estadio más alto, falleció, dejando el reino en manos de su hijo Alfonso.

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