Ir al contenido principal

Alfonso VI, el Bravo

Alfonso VI, el Bravo, subió al trono de León en el 1064, dejando el trono castellano en manos de su hermano de Sancho II el Fuerte Castilla, y Galicia en las de García. Segundo hijo de Fernando I, no debía haber heredado la corona leonesa, pero en la Curia Regia de 1063 su padre repartió la herencia concediéndole el trono y las parias sobre Zaragoza. Desde ese momento, el nuevo rey tuvo que enfrentarse con su hermano Sancho que se consideraba el único heredero legítimo de todos los reinos de su padre. Los conflictos se inician a la muerte de la reina, y durante siete años (1067-1074) habrá guerra entre los tres hermanos.

El 19 de julio de 1068 se produce uno de esos extraños sucesos medievales. Alfonso y Sancho se enfrentan en en un juicio de Dios en el que ambos hermanos pactan que el que resultase victorioso obtendría el reino del derrotado. Pese a la victoria de Sancho, Alfonso incumplirá su promesa pero eso no le impide acudir a la boda de Sancho. Pero había motivos: el reparto del reino de Galicia. Sancho entrara con sus tropas en Galicia y, tras derrotar a su hermano García (1071), lo envía exiliado a Sevilla, manteniéndose un corto periodo de paz entre los dos hermanos victoriosos. Pero un año después, la batalla de Golpejera supone el reinicio de las hostilidades. Las tropas de Alfonso salen victoriosas, pero éste decide no perseguir a su hermano. Y aquí la historia entronca con la leyenda, pues durante la huida, Rodrigo Díaz de Vivar convence a Sancho de que se reagrupen y, por la noche, caigan sobre su hermano. Alfonso fue hecho prisionero y encarcelado en Burgos, de de dónde logró escapar refugiándose en Toledo. Desde allí logra el apoyo de su hermana Urraca y de la nobleza leonesa para enfrentarse a Sancho, haciéndose fuertes en la ciudad de Zamora. Durante el cerco, un noble zamorano se presenta ante el rey como desertor y con la excusa de mostrarle los puntos débiles de las murallas, lo separa de su guardia y consigue acabar con su vida de una lanzada.

El asesinato de su hermano Sancho, que no dejó descendencia, permitió a Alfonso recuperar su trono y reclamar para sí Castilla y Galicia. Es en este momento cuando el Poema del Mio Cid sitúa la Jura de Santa Gadea que ha entrado a formar parte de la leyenda castellana, pero como leyenda, es una historia falsa.

Una vez consolidado en el trono leonés, Alfonso VI se dedica a engrandecer sus territorios. Su primer movimiento lo realiza en 1076, a la muerte Sancho Garcés IV, la nobleza navarra decide que el trono no pase a su hijo menor de edad, sino a uno de los nietos de Sancho III: Alfonso VI o Sancho Ramírez de Aragón que invaden el reino navarro. Tras llegar a un acuerdo, Sancho Ramírez es reconocido como rey de Navarra y Alfonso se anexiona los territorios de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y La Bureba, adoptando en 1077 el título de Emperador.

Pero su gran expansión territorial la hará a costa de los reinos taifas musulmanes, mediante el sistema de parias y la presión militar logrará el vasallaje de gran parte del territorio peninsular. En el 1084 realizará una importante conquista: Toledo. Alfonso logra así el control sobre todo el territorio territorio situado entre el Sistema Central y el río Tajo, desde donde pudo emprender un mayor hostigamiento contra las taifas de Córdoba, Sevilla, Badajoz y Granada. En el 1086, y ante la presión sufrida, los reyes taifas deciden pedir apoyo a los almorávides que cruzan el estrecho de Gibraltar y desembarcan en Algeciras.

En Sevilla, el ejército almorávide se une a las tropas de los reinos taifas y se dirigen a tierras extremeñas enfrentándose en la batalla de Zalaca que se salda con la derrota de las tropas cristianas que regresan a Toledo para defenderse. El rey solicita a los cristianos una cruzada... pero eso lo dejamos para otro día.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Aventuras de Fernán Garces. 1ª Entrada.

I 1488 Arguim El viento azotaba las velas y la nave se movía al vaivén de las olas. Paseé la mirada por la cubierta y vi rostros curtidos que rezaban atenazados por el miedo, pues el mar es madre del marino e igual que arrulla unas veces, castiga los pecados otras muchas. Y aquel día Dios Nuestro Señor parecía dispuesto a castigar los nuestros haciéndonos zozobrar frente a Arguim. La costa se mostraba desafiante, recortada en el cielo de la mañana aparecía grisácea cada vez que La Gitana se alzaba sobre las olas. —¡Maldita la hora en que decidisteis salir, Fernán! —me aferré al timón, ayudando a Jácome para mantenerlo firme. —Era necesario —respondí— Debíamos adelantarnos al resto para realizar esta empresa. —Voto a Dios, Fernán, que la locura de Pedro Cabrón sigue viva en vos. Mi risa fue acallada por el ruido de los truenos y la conversación interrumpida por el fuerte viento que acompañaba la tormenta. Temí por el velamen, pero ya era tarde para recoger el apare

Toledo, una serie que se queda a medias

Ayer vi Toledo, y supongo que seguiré viéndola mientras sea capaz de soportar la calidad ¿interpretativa? de Maxi Iglesias (alguien, algún día, tendrá que explicar porque a este chico se le siguen dando protagonistas con los buenos actores que hay en España). Aunque como historiador, recreacionista y –mal- esgrimista no puedo más que ponerle algunos peros. 1º.- Cuando haces una serie histórica de pretendida calidad tienes que tener cuidado con los personajes reales. En la serie tenemos al Infante Fernando de la Cerda y al príncipe Sancho; el primero rondando los 16-18 y el segundo superando con creces los 20. Pero la realidad es que Fernando es el segundo hijo  de Alfonso X (nace en 1255) y Sancho es el tercer hijo varón  del rey (nace en 1258), con lo que en la serie debería tener 13-15 años. El primogénito, Alfonso Fernández, Señor de Molina y Mesa, es hijo natural y no entra en la línea sucesoria. 2º.- En varias ocasiones se le llama “príncipe” cuando hasta 1388, con el futu

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán. Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real. Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret,