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Veronika decide morir

Reconozco que llegué hasta Veronika decides to die, por la recomendación de una amiga. Pero desde el primer fotograma, con Sarah Michelle Gellar sentada en el metro y explicando que sería su vida, me enganché. Y desde ese momento hasta el final, ni un segundo de respiro, acompañando a Veronika en su búsqueda de la felicidad. Una búsqueda que para ella se reduce a la muerte, hasta que la muerte se interpone en su camino. Y, más importante aún, el amor llama a su puerta en el lugar más insospechado: el psiquiátrico dirigido por el Dr. Blake (David Thewlis), donde entrará en contacto con Edward (Jonathan Tucker), uno de los enfermos incapaz de hablar desde el terrible accidente en el que falleció su novia.

Y es aquí, en el psiquiátrico, donde las historias se entrecruzan. Historias de enfermos que rodean la tristeza de Veronika hasta convencerla de que desea vivir. Las decisiones tomadas por Blake, deseoso de lograr una cura para Edward sin tener en cuenta las consecuencias para el resto. El deseo de Mari (Melissa Leo) de ser feliz dentro del psiquiátrico. Y son, precisamente, las vidas de Mari y Veronika las más parecidas, las más similares. Las que han llevado a las dos mujeres al borde de la locura. Una vida encaminada al éxito profesional, dejando de lado el amor, la compasión, el tiempo libre. Sólo encaminadas a la obtención de dinero. Dos profesionales muy valiosas que echan en falta algo diferente.

Tal vez "Veronika decides to die" sea eso, una pequeña fabula que busca explicar el mundo en el que vivimos, como el rey que bebe en el pozo de la locura, todos nos adentramos en un mundo donde los valores establecidos no siempre son los mejores, pero a los que todos nos plegamos. A la búsqueda de dinero (un trabajo estable bien remunerado, dicen los padres de Veronika), a una familia sin escándalos, a la fama, a la moda,… pero dejamos de lado las cosas realmente importantes: sentarse en un banco a hablar con la persona que quieres, luchar por tus sueños sin importar el qué dirán o cómo son, escuchar a tu propio corazón… y, al final, olvidamos vivir, perdemos las ganas de seguir en este mundo y nos olvidamos de que, como dice el Dr. Blake, cada día es un milagro.

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