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Me bajo de El Escenario

Me gustaba El Escenario, un buen lugar para comer y cenar en agradable compañía y buen ambiente. Pero, me gustaba es la clave. El sitio ha cambiado. No los dueños ni el personal, simplemente el sitio. Se han dejado ir, quizá, han pensado que todo estaba hecho. Y en un bar debes saber mantener la clientela. Porque un restaurante vive de eso, de que el cliente satisfecho regrese a comer. Yo no creo que vuelva, ya que mi última experiencia ha sido hasta traumática.

Reconozco que primero me lo tomé a guasa. Quizá porque no fue a mí a quien le tocó pedir otro plato ante la falta de reservas. Pero luego la cosa comenzó a cambiar de cariz. Fueron llegando uno a uno los platos pedidos, y nuestra cara fue cambiando conforme los veíamos: tostas que no eran más que pan de molde integral; cocketeles de mariscos con mini-gambas congeladas y un largo etcétera. Y, para colmo, todo servido con retraso. ¿Todo? No. Después de casi una hora y media tuve que acercarme a la barra a preguntar por los platos que faltaban (entre ellos los míos) y la respuesta es que no los han apuntado. ¿Cómo que no? Si lo has hecho delante de mí. Y, cuando se decide a ir a mi mesa, da un giro y se redirige a otro lugar. Una mesa en la que ¡oh, sorpresa! Se encuentra ese intelectual comunista cargado de millones que es Wyoming. Y reconozco que exploté. Y solté un “yo no soy famoso como este, pero mi dinero vale lo mismo y ya llevo demasiado esperando”

Me atendió, claro, pero mejor no lo hubiera hecho: pollo insípido, más pan bimbo, cocktel hecho varios días antes, salmorejo sin huevo duro (“es que se hace en el momento y va a tardar 15 minutos más”)

En definitiva, han perdido un cliente. No volveré.

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