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En la Marabunta

El Capitán Far rompió a reír. Y con su risa la alegría se extendió por el barco. El propio Marco Antonio pareció mitigar su dolor por el barco perdido. Caminó rápido hacia los dos hermanos haitianos y el silencio se extendió pero el italiano tan sólo echó el brazo sobre Nicolás.

-¡Aju la virgen! Me has hundido la chalupa, en otro momento te mataría. Ahora solo te pido que lo próximo que bombardees a nuestros enemigos.

Y, entonces, todos recordaron donde estaban. Fat se levantó, con los ojos anegados en lágrimas provocadas por la risa, se apoyó sobre la barandela de estribor, observando cómo sus hombres continuaban su marcha a la guerra. La chalupa de Japi, Borought y Mamonuth iba a la cabeza, con Japi remando y gritando al resto de hombres por quedarse atrás. Desde las cañoneras comenzaron los disparos y el humo de la pólvora al explotar en los morteros se unió al agua o las astillas allí dónde impactaban. Los gritos de dolor acallaron las risas y Nicolás y Lucas, los artilleros haitianos de La Marabunta parecieron duplicarse para que los cañones comenzaran su macabro canto de muerte. Marcos Antonio volvió al timón, manteniendo firme la nave mientras Vasqués y la Rubia organizaban a los hombres para proceder a los arreglos urgentes en cubierta. Fat acudió al puente, observando en silencio lo que ocurría.

La chalupa de Japi voló por los aires, y el gigante sevillano se lanzó al agua para nadar hacia la cañonera. Borought ayudaba a uno de los hombres a agarrarse a una segunda chalupa y Mamonuth nadó hasta la embarcación de Lord Corba. Los hombres se mostraban inquietos y el Capitán Fat comenzó a gritarles. No deseaba perder a ninguno de sus hombres, pero las malditas cañoneras parecían desvanecerse ante los disparos lanzados desde La Marabunta. Buscó con la mirada a Bilbo y los suyos, sabía que su fiereza no tenía parangón y observó como abordaban una de las naves enemigas. Giró en busca de Mutambo y las suyas. El Nutria dirigía con pulso firme el avance hacia la boca del infierno. Ese había sido el plan. Debían llegar a la entrada y posicionarse para proteger al resto de hombres en el desembarco. Una segunda andana de cañonazos llenó de humo la cubierta de La Marabunta. Fat tosió, sintiendo a Vasqués a su lado, agitando la mano para apartar la ceniza que quemaba sus ojos. Agudizó el oído, intentando descubrir si los gritos agonizantes eran de sus hombres, pero sin lograr discernirlo. Espero, ansioso, durante varios minutos, rezando por todos y cada uno de los suyos. Eran sus hermanos, su familia, sus amigos, su vida, su tesoro y las lágrimas que se derramaron por sus mejillas sintiendo la más que probable muerte de Japi despejaron su mirada.

Las cañoneras habían caído bajo el fuego de los haitianos. Bilbo y los suyos regresaban embadurnados de la roja sangre de sus enemigos. Mutambo, Nutria y Chodni habían llegado a la costa y sir Charles, D’Orange, lord Corba y Mamonuth les seguían a la zaga. Japi nadaba exhausto, atado a una cuerda, remolcando una de las cañoneras vencidas, en las que Borought mantenía a raya a los enemigos, maniatados sobre la borda.

-¿Cómo?... ¡VICTORIA!- gritó Fat.
-Victoria- respondió Borought sobre la cañonera.
-¡Cuidado!- exclamó Mutambo mientras un proyectil se dirigía a su no esposo.

El silencio se hizo eterno en los segundos que el proyectil tardó en llegar a su destino. Borouhgr lanzaba besos a Mutambo, creyéndose vencedor, con una amplia sonrisa en su rostro.

-Esperadme que voy –gritó justo cuando el proyectil golpeó en su cabeza. Todos cerraron los ojos, menos Fat.

-Sacad el alcohol, estoy hay que celebrarlo- ordenó el capitán ante el asombro de todos.
-Eso, eso, alcohol, alcohol- respondió Borought mostrando el proyectil partido en dos.
-Este mamón tiene la cabeza dura como una piedra- Fat levantó una copa hacia su amigo.

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