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El miedo a morir

Hoy alguien me ha dicho que solo tienen miedo a morir quienes tienen remordimiento. Tal vez sea cierto, aunque yo no tenga miedo a morir por otros motivos. Es más, no creo que sea verdad del todo esa premisa. Porque hay gente buena que tiene miedo a morir. Y aquellos que realmente debieran tener remordimiento, pocas veces tienen conciencia de haber hecho mal. Así que no debe ser el remordimiento lo que provoca ese miedo a la muerte. Seguramente sea algo más prosaico y mundano: el simple miedo a lo desconocido. A lo que vendrá después.

Yo no tengo miedo a eso. Sé que es lo que viene después y para mí la muerte no es más que una pequeña puerta que hay cruzar para vivir eternamente. Ni siquiera es el final pues ¿qué son 100 años comparados con toda la eternidad? Nada. Y por eso, para mí, la muerte no es más que el principio. Pero entiendo a esas personas que dicen con pesar “la vida son dos días” ya que, para quiénes la vida termina con la muerte, 100 años tampoco son nada.

Pero, ¿miedo por tener remordimientos? No lo creo. Eso eso solo una perogrullada de quién se cree en poder de la verdad suprema, de quién piensa que él es tan bueno que no tiene nada de lo que arrepentirse. Yo no tengo remordimientos, pero si me arrepiento de cosas hechas o dichas. Y a pesar de ello, sigo esperando la muerte con la alegría que da la esperanza de la resurrección.

Tal vez ese sea el secreto de no tener miedo a morir: creer ciegamente e irracionalmente en algo indemostrable. Mantener un pequeño viso de ingenuidad en este mundo de razón y técnica. Dónde los dioses mueren a manos de internet para crear nuevos dadores de vida que satisfacen nuestras necesidades. Menos una: la solución a la muerte.

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