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El reloj biológico

Últimamente mi Face anda con el reloj biológico haciendo tic-tac. Siempre pensé que esto debía ser algo propio de humanos. Y de animales varios. Que tenemos la necesidad de perpetuar la especie. Pero ¿el Face?. Él no es nada. Es un ente abstracto. Pero si que le hace tic-tac. O tal vez crea que es a mí que a quién le hace el ruidito de marras el reloj ese que llevamos dentro. O, peor aún, crea que ya tenga edad para dejarme de juguetear en el ordenador y dedicarme a otros menesteres.

Solo así se entiende que lleve ya varios días enviándome una sospechosa invitación ¡HAZ UN HIJO! Con un amigo, reza el subtitulo. Y, que quieren que les diga. Para hacer un niño NECESITO, en todo caso, una amiga. Pero a día de hoy no estoy por la labor. No les niego que sería un gran padre: cariñoso, bueno, duro cuando hay que serlo, blandito cuando se requiere almohada y un largo ecetera de virtudes que incluyen cambiar pañales y dar biberones. Vamos, que llegado el caso seré un padrazo testado en 5 sobrinos previos. Pero sigue faltando lo más importante: Aún no he encontrado una madre que esté a mi altura.

Y, desde luego, el Facebook no será el padre ni la madre… al menos a día de hoy.

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