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No he vuelto a sonreir

Desde hace más o menos un mes, no he vuelto a sonreir. No he vuelto a reirme con nadie, ni de mí mismo. No he vuelto a dejar de preocuparme por cosas sin importancia. Desde hace, más o menos un mes, no he vuelto a ser yo.

Y sé las razones de mi no retornar a hacer ciertas cosas, claro que las conozco. Pero lo cierto es que, desde hace más o menos un mes, me encuentro en un estado diferente al que tenía en estos años previos. Como perro lleno de pulgas me he visto obligado a rascarme hasta quitarmelas. Y desde entonces no he tenido que volver a nada.

Llevo un mes libre de preocupaciones absurdas. De hecho, desde mi vuelta de la India creo que no he logrado encontrar algo que me preocupe lo suficiente como obligarme a volver a sonreir por haber perdido la sonrisa. Desde entonces, sigo riendome de mi mismo, y con los demás. Que no de los demás, solo me río de mí, porque reirme conmigo mismo denotaría una locura mayor que la que me persigue. Pero es que, además, desde hace más o menos ese mes no he vuelto a ser yo, porque soy Yo siempre. Sin preocuparme de que pensarán o dejarán de pensar quienes me rodeán, sorprendiendome en alguna foto de ver nuevamente en mis ojos una pillería que creía muerta en la adultez inmadura de los 30. Y, sí les digo la verdad, me alegra que eso ocurra. Porque quiere decir que he vuelto a ser quién nunca debí dejar de ser. Ahora, solo me queda no tener que volver a buscarme en mi interior por haberme perdido.

Comentarios

Javier Márquez Sánchez ha dicho que…
Una profunda reflexión que invita a meditar

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