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De novelas caballerescas y olvidos

El otro día una amiga colocó en su tuenti algo así como estaba en pensamiento conventual, e inmediatamente vino a mi mente y mis dedos un “Mira que como te metas en un convento de clausura yo me hago cura, sólo para poder ver el brillo de tus ojos sin tener que saltar los muros”, que así, suelto, queda como un hermoso piropo y hasta declaración de amor. Pero que en mi mente perversa lleva varios días dando vueltas, intentando descubrir dónde se desarrolla el origen de la misma. Les cuento. Cuando aún era un crío mi abuelo me metió el gusanillo por las novelas de vaqueros y de capa y espada. Aquellos caballeros franceses con sus aires románticos y aventureros llenaron mis tardes infantiles y juveniles y en una de aquellas muchas novelillas -con la pasta blanda, blanca y llena de manchas- compradas en baratillo, se producía la escena que me vino a la memoria.

La dama –en estas novelas siempre hay una dama- anuncia a su enamorado la intención de entrar en convento y él, y esto si lo recuerdo completo, le espetó algo parecido a un:

“Sí vos tenéis a bien entrar en clausura, saltaré los muros del convento. Y sí los muros fuesen tan altos que no encontrase escala que permitiese superarlos, os juro, mi amada señora, que tomaré hábitos y seré fiel a Dios Nuestro Señor para buscar el brillo de vuestros ojos. Pues sin él no habrá dama que logre recuperar mi alma"

Pero no recuerdo el nombre de aquella novela. Me temo que mi mente, corrompida por tantas horas y horas de lectura, recupera párrafos que forman parte de mi historia, pero no me da los nombres de aquellos que las crearon. Así que hoy, esperando con ansias que realmente exista tal pasaje y no haya nacido sin previo aviso de mi propio yo, pido ayuda: si alguien lo recuerda, que tenga a bien refrescar mi memoria.

Lo que si puedo decirles es que el pasaje no aparece descrito en "El caballero de Lagarderè". Por el bien de mi cabeza: ¡ayudenme!

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