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Acoso divino

¡Re-yo! Yo, que soy dios y debo estar acostumbrado a la alabanza, me encuentro perplejo. Absolutamente. Mi divinidad, como la fuerza de Sansón, reside en mi barriga, igual que en sus pelos. Pero al contrario que a él, mi barriga no puede ser cortada sin acabar con mi persona humana ¿Y que dios sería si solo tuviese dos personas: Dios y ese murciélago de batman? No, debo tener las tres. Pero, saben, estoy pensando que ya es hora de comenzar mi divino camino al silencio. Que está bien esto de comenzar la vida publica a los 30 y terminarla 3 años después.

Y es que más tiempo en los altares debe cansar. Sí, ya sé que se supone que debería crear legión a mis pies. Pero me siento acosado. Apesadumbrado. Sé que mi luz puede cegar al más cuerdo. Pero ¡ey! No está bien acosar a tu dios. Que sea tu dios quien te acose es cosa distinta... bien lo sabe quien lo sabe. Pero ¿al contrario? Al contrario no está bien. Porque al final yo, toda bondad, tendré que crear un anti-yo y comportarme como ese caído de Lucifer y decir cosas que no quiero decir, y herir a quién no debe herirse por quién no debe herir. Yo no debo herir. Puedo, pero no quiero.

Pero este acoso y derribo me está sentando mal. Antes creía entender a mis compañeros de divinidad cuando se quejaban de corderos dorados.... Pero ahora cada vez que uno dice "Mirarlos con sus falsos ídolos" yo grito: "¡darle corderos, de oro o de lo que quieran!... darsleos, ¡por mí!"

¡Ah! Como añoro mi vida sin divinidad... cuando nadie se fijaba en mi divina redondez y sólo lo hacían en mi gordura. ¡Dioses!... me siento como Sharon Stone en Acosada... pero con un busto más generoso.

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