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La traición

El asesino se había abalanzado sobre las defensas, y había logrado impactar sobre los dos hombres que le atacaban. Sha'ab era muy superior a sus enemigos, más en ese estado de furia incontrolada en el que se encontraba. Pero las imágenes que brotaban ante sus ojos le impedían ver la realidad, y los golpes volaron sobre él.


-La gente de esta ciudad está loca. ¿todo el mundo tiene un arma y sabe usarla? Llegó a saberlo antes y me hubiera negado a entrar. ¡En mala hora abandoné mi campo!


Las palabras resonaron en sus oídos mientras perdía el sentido y caía al suelo. Desde allí, de vuelta a una realidad nubosa, pudo observar como sus enemigos recuperaban posiciones al otro lado de la barricada.


Maldición quien habla en a mis oídos, fue lo primero que pensó el asesino, sin embargo pocos segundos después ya veía la situación clara. Las cosas estaban saliendo bien, el suelo ya empezaba a tomar color rojo y en el aire se sentía el fétido olor a muerte, pero lo mejor era el gemido de los heridos, con un ultimo regocijo decidió que era hora de formular su estrategia.

Se retiró algunos metros de la barricada mientras cubría su herida con un pedazo de tela arrancada de sus vestiduras. Buscó a cinco soldados su compañía original, tres ballesteros y dos arqueros, no los mejores en su arte, simplemente los más capacitados físicamente.


-Caballeros escuchen- dijo mientras con una daga dibujaba en el suelo- Aquí estamos nosotros, y aquí las barricadas, sepan que no son impenetrables pero no quiero perder a ninguno de ustedes en el intento, debemos rodearlas y atacar por sorpresa-miró a cada uno detenidamente

Cuando la explicación terminó el mismo se colgó una pequeña ballesta en la cintura y encaro la marcha. Pensando que, tal vez, Evincar habría emprendido un camino que les uniese nuevamente. Y así era, el tabernero había iniciado la búsqueda, guiado por un pequeño perro y acompañado de Setusna. Los dos hombres comenzaron a correr por la ciudad, detrás del perro que los guiaba. Pese a su ceguera Setsuna no tenía problema alguno en seguir el paso del drow, es más, en alguna ocasión llegó a adelantarse e, incluso, a evitar que una flecha perdida atravesara la pierna de Evincar. Mientras atravesaban la ciudad en busca de Sha’ab, los dos pudieron observar como el caos se había apoderado de la urbe. Los incendios se estaban repitiendo por todos lados. De pronto, al doblar una esquina, se toparon con un grupo de agitadores. En sus manos aún se encontraban las antorchas encendidas. Sus rostros mostraron el miedo del que ha sido descubierto.


Evincar hizo un esfuerzo mental que nunca había intentado antes, con el objetivo de trabar contacto mental con Askanter - Conde, ¿esto funciona en dos direcciones??? - tratando de formular alguna frase congruente- ¿Askaster está ahí?.


La respuesta fue insntanea y los peores presentimientos de Evincar se hicieron realidad: -Ahora no tengo mucho tiempo Evincar, deberá ser en otro momento. Tenemos infiltrados, alguien ha dejado entrar desde hace tiempo al enemigo en la ciudad, ellos son los que desde dentro han creado todo esto...

Comentarios

Javier Márquez Sánchez ha dicho que…
Interesante planteamiento...

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