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Extraños amigos

Robbel corrió por las murallas, recorriendo con la mirada la barbarie de la guerra. Escuchando cada grito, cada rugido, como si fuera el último de los muchos que había escuchado Frikigard. Se detuvo en su carrera al observar el pendón de Asoka sobre la casa de Mot. En mitad de la batalla el tiempo se paró y el guerrero miró al pasado. Recordó como había conocido a Hathaltoy. Recordó la primera impresión que el vampiro había dejado en él. Al conocerlo no pensó que aquel ser, escondido bajo una rica túnica azul azabache, pudiera ser el temible matusalén que era. Pero no le sorprendió la realidad. Frikigard le había enseñado que nada era lo que parecía en aquella ciudad, y que la apariencia nunca escondía la verdad.

Aquel matusalén, de rostro juvenil y pelo cano, parecía más un estudioso que un guerrero. Y, sin embargo, mostró en mil batallas el poder de su espada y su brazo. El mismo Robbel lo había comprobado luchando mano a mano con el Hijo de Caín. Drow y vampiro mano a mano, espalda contra espalda. En aquellas batallas se había conformado la amistad de ambos seres, condenados a luchar entre ellos. Pero Hathaltoy había mostrado la sapiencia adquirida en siglos de existencia. Se impuso al resto de clanes de la ciudad hasta ser nombrado Príncipe y anuló cualquier oposición. Él era la ley en el mundo de los chupasangres, y logró mantener a sus vástagos controlados. Y no usó más poder que su inteligencia. Eso gustaba al drow. Y a otros.

El propio Askanter, el Conde que se encontraba en la cúspide de su sociedad drow, había visto en el vampiro a su némesis, su alter ego. La razón para mantener una lucha encubierta que había provocado no pocas guerras abiertas en la ciudad. Pero ahora todo cambiaba. Sin saberlo, el Conde luchaba contra el enemigo del vampiro. Y el enemigo del vampiro se convertía en enemigo del Conde.

Su mente vagó a un par de días atrás. A las extrañas circunstancias que le llevaron a la Casa de Mot. A la visión de su compañero de batallas y amigo tendido en aquella cama de muerte. Recordó como su rostro mostró la incredulidad ante lo que le mostraba Cathan. Hathaltoy, el primado exiliado de Asoka, el príncipe vampiro de Frikigard, yacía muerto encerrado bajo su propia casa. Recordó las reacciones de todos los que allí estaban: Bloody, el loco malkavian, Vladimir, el noble venido de tierras lejanas, y Cathan que los observó a todos antes de hablar.

-Hathaltoy yace muerto. No lo está. Aquel que ahora llega a nuestras murallas es su hermano en muerte. Pero también lo fue en vida. Ambos están unidos de tal forma que, cerca el uno del otro, jamás podrá morir el uno sin el otro. Mientras Hathaltoy esté vivo, Guytón será invencible en Frikigard. Pero el Príncipe lo vio llegar en la lejanía. Los tambores de la guerra suenan desde hace mucho tiempo. Y, antes de que su hermano llegase hasta él, Hathaltoy hizo lo que debía.

Robbel se había echado las manos a la cara al ver la acción de su amigo. La dorada empuñadura de un arma sobresalía en su pecho. Se había sacrificado para darle una oportunidad a la ciudad. Pero si las defensas fallaban, Hat, su amigo y compañero, moriría. Y está vez su muerte sería eterna.

El ruido de la guerra lo llevó de vuelta a la realidad. Hombres, vampiros, hobbit, drows, enanos, demonios, licántropos, gigantes,… todos luchaban mano a mano para defender la ciudad. El guerrero sabía lo que Frikigard significaba para todos ellos: un lugar donde la amistad podía encontrarse en el rincón más insospechado. Donde la guerra, las batallas, habían creado lazos imposibles en otros lugares. Sabía, no tenía dudas, que hasta los enemigos más acérrimos como era el Príncipe y el Conde eran, en el fondo de sus almas perdidas, amigos de por vida. Y que uno y otro darían su vida por salvar a su némesis, a aquel en el que habían encontrado un formidable adversario.

Porque el mayor tesoro que se escondía en la ciudad no estaba en bajo los fuertes muros del palacio real de Scarymash I. Estaba en las cantinas y tabernas, en las calles, en los jardines, en los fortuitos encuentros ante las puertas de la ciudad. Frikigard se había forjado de amistades imposibles. Ellos, Robbel y Hathaltoy, eran un ejemplo de eso desde que lucharon el uno junto al otro por primera vez. Una amistad imposible en otro lugar. Una amistad por la que luchar. Un amigo al que salvar. Una ciudad donde en cada rincón se encontraba un ser con el que tomarse una cerveza. Los ojos de Robbel buscaron a sus compañeros de taberna: Evincar, Roland, Bloody, Actaeon, Sha’ab, Quarion,… y tantos otros.

En ese momento tomó una firme decisión: salvaría la vida de Hathaltoy. Lucharía por sus amigos y compañeros. Lucharía hasta la muerte por Frikigard.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Hat!...la que te pario!!!....sos tan suspicaz que pensas llegar copn tu relato hasta donde estamos ahora antes de seguir la partida no???!!!!!....

Por otro lado, muy bueno....Van apareciendo los PM entre player y master......muy interesante -.-
Javier Fornell ha dicho que…
Este relato tendrá final alternativo, tranquilo. Sé de sobra que sois tan impredecibles que nunca sabré por donde salir.

Y sí, van a apareciendo lo que ocurrió por privado.

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