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[Relato Histórico] Pedro Cabrón-2



III

Marzo de 1465

La Besada




La fusta se mecía suavemente al vaivén de las olas. No sabría decir donde estábamos exactamente. Llevábamos navegando varios días y la travesía se me estaba haciendo placentera, aunque ya comenzaba a aburrirme de estar en aquella nave. La Besada era una fusta rápida, no muy grande comparada con las galeras, pero no era un barco pequeño. Tenía dos palos y quince bancos que le permitían navegar con o sin viento. El camarote de Pedro estaba en la popa, bajo el puente. Allí pasaba yo la mayor parte del tiempo, mientras él guiaba la nave con mano firme pese a las reticencias de Rodrigo, el viejo timonel que había heredado con el barco. Era mi primer gran viaje y esperaba muchas aventuras desde el primer momento. Sin embargo el viaje estaba siendo tranquilo, demasiado, y los hombres se quedaban tirados por la cubierta, algunos durmiendo, los que más, jugando a dados y bebiendo. Por nuestro lado pasaron barcos de diversa nacionalidad. Y tras avistar cada uno de ellos, Pedro negaba con la cabeza.


Dos días antes de partir de Cádiz, Pedro había recibido una extraña visita. Yo habitaba en su casa desde la muerte de mi padre, pese a la oposición de madre que no deseaba verme en aquellas compañías. Y pude observar al visitante. Llegó ya caída la noche, había desembarcado esa misma tarde de una nave florentina, pero había esperado hasta que la oscuridad cubrió la ciudad para acercarse a la casa. Pedro habitaba fuera de las murallas, en el arrabal de Santa María, así, me había dicho alguna vez, sus amigos no tendrían problemas para visitarlo cada vez que lo necesitarán por encontrarse las puertas de las murallas cerradas. Algo, por otro lado, que no solía ocurrir con frecuencia.

-Me n'alegro de veure-us, Pedro

-I jo, Miquel, i jo. Quant ha passat des de l'última vegada?

La conversación llamó mi atención, pues no estaba acostumbrado a escuchar lenguas extrañas en aquella casa. En un primer momento pensé que era italiano y que el tiempo transcurrido desde mi marcha de la vieja República me había hecho olvidarlo. Pero pronto me di cuenta que no era así.

-Crec que fa cinc anys que no passes per Barcelona.

-¡Tant!- Pedro pareció mostrarse sorprendido y, acrecentó mi curiosidad hasta obligarme a ocultarme cerca de la puerta.

-Fregosso es pregunta perquè no has tornat a aquelles costes i perquè no tornes al seu costat.

-Ja no sóc un criatura. I no sóc el seu fill com em va fer creure. Ara navego només a la Besada. El vell vaixell que em va donar. Segur que recorda aquella... broma

-Record, sí, com oblidar…

-Pues si no lo has olvidado como vienes aquí a pedirme que vuelva a su lado. Te lo he dicho, ahora navego solo. Tengo un nombre y me respetan por ello.

Pedro estaba fuera de sí. Su voz no se había elevado, pero volvía a hablar en castellano, con aquella mezcla de acentos que convertía su conversación en una melodía cantarina. La dureza de su mirada daba suficiente fuerza a sus palabras. Yo no podía dejar que preguntarme que habría pasado, que broma fue aquella que tanto dolía a mí amigo y quien era Fregosso.

- Està preparant un atac a Menorca i et vol al seu costat. Sap que no hi ha altre pirata que et sigui igual a tot el Mediterrània. Et necessita, Pedro.

- ¡No aniré! -gritó- No lo haré, no iré a Menorca. No volveré a navegar bajo su mando.

Pedro dio por finalizada la conversación. Volvió a sentarse sobre un mullido sillón mientras esperaba que su interlocutor abandonara la casa. La mirada de mi amigo fue suficiente para que el marino se marchase dejándonos a Pedro y a mí solos en la sala. Intenté salir silenciosamente de mi escondrijo.

-Lo has oído todo, ¿verdad?

-Sí- Había sido descubierto, así que me giré y caminé hasta sentarme en una silla, junto al escritorio que tantas veces había usado ya.

-¿Sabes que quería?

-No, no entendí que decíais- Mentí. Había llegado a comprender que Fregosso quería que navegase con él. Y también que algo ocurrido en el pasado había cambiado su relación.

-Ese… ¡maldito sea! Me hizo creer que era mi padre. Hasta que descubrí al verdadero en esta ciudad abandonada de la mano de Dios. Y cuando le dije que lo había descubierto todo él... él, se burló de mí.

No respondí. Conocía a Pedro lo suficiente para saber que solo necesitaba silencio. Que cualquier cosa que dijese solo serviría para enfurecerlo más. Y había visto lo que era capaz de hacer cuando eso ocurría. Aún tenía grabada en mi retina la paliza que recibió Hakim, un viejo esclavo granadino que había estado al servicio de su padre, cuando este falleció. Tan solo por haber llorado por la muerte de aquel buen hombre. Pedro no consideró que Hakim fuese merecedor de llorar por su padre y, al final, el esclavo acabó siendo quemado junto a la tumba de su antiguo dueño.

-Llama a Cristóbal… Mañana partiremos.

Comentarios

Javier Fornell ha dicho que…
Algunos diálogos son en catalán. Desde siempre he odiado esas novelas/películas donde todo el mundo entiende todo. No caeré en ese mismo error en mi relato.

Pido disculpas a aquellos que no lo entiendan. Pero, al fin y al cabo, esa es la sensación que se pretende crear: quien te cuenta la historia tampoco lo entiende.

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