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Parentescos

Desde hace 12 años se me vincula familiarmente con una persona. Recuerdo la primera vez que ocurrió. Al salir de clase alguien lanzó una voz anónima:

- Es su padre.

En aquel entonces yo era un pipiolo, en segundo de carrera, con 18 añitos y con pinta de estar a punto de cumplir 15. Y él era un profesor universitario.

-Debe haberse cambiado el apellido para que no se sepa- dijo otro.

Yo no le dí importancia. Ya decían que era hermano de Lacueva –y, en cierto modo, tal vez sea así- así qué que importaba que ahora me diesen un nuevo padre.

Pero han pasado los años, y ahora nuestra relación ha variado. Ya no soy un pipiolo y hace mucho que salí de la Universidad –aunque parezca mentira-. Así que ahora no soy su hijo.

-¿Ves? te lo he dicho, es su hermano pequeño.- comentó alguien al salir de una conferencia que dí el pasado año. Y, que quieren que les diga, a mi me enorgulleció aquello. Mi supuesto padre ahora hermano –de madre, claro, nuestros apellidos siguen siendo distintos- es uno de los mejores profesores de la UCA. Un hombre al que admiro, no con esa admiración de un hermano pequeño a su hermano mayor, sino con una envidia insana propia del que desearía ser mejor y ve un destello al que observar en un espejo de alguien que es profesor y, en cierto modo, maestro.

Son muchos los motivos que hacen que sienta esa envidia: su facilidad para llegar al alumno, su capacidad para escribir, para enseñar, para transmitir sus conocimientos, la amenidad de sus conferencias y, por supuesto, haber logrado que al acudir a Iglesia y religiosidad en la Edad Moderna uno soñara con estar ante Rupert Giles mientras Buffy escuchaba atenta contra qué demonio, sucubo o bruja tendría que enfrentarse en la clase/capítulo del día.

Por eso me siento honrado de que algunas personas digan que soy su hermano pequeño, más aún cuando eso ocurre después de dar una conferencia. Tal vez, un pequeño reflejo de ese espejo en el que uno se mira también se vea en mí. Y eso es bueno, muy bueno. Aunque acreciente mi ego. Pero no evita que deba negar una mentira. No por mí, sino por respeto a mis progenitores que no son los suyos:

Aunque me pese: NO SOY HERMANO DE MORGADO.

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