Ir al contenido principal

En pocas palabras


El carácter típico de los hombres y de las mujeres en la cultura occidental viene determinado por sus funciones sociales, pero existe un aspecto de carácter que depende de las diferencias sexuales. Este aspecto es insignificante en comparación con las diferencias de base social, pero no hay que prescindir totalmente de él




Erich Fromm

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
La naturaleza nos hace machos y hembras. La sociedad nos hace hombres y mujeres.
Anónimo ha dicho que…
Pero tanto la naturaleza como la sociedad nos hace diferente. Y eso es bueno, necesario y no debe olvidarse. Porque al final se confunden las cuestiones y la igualdad se convierte en el absurdo
Anónimo ha dicho que…
Claro que la naturaleza nos hace diferentes. Lo malo es cuando se intenta justificar diferencias sociales a través de una biología manipulada.

No es nada nuevo. Lo hicieron los nazis. Lo hicieron los EE.UU. con sus proyectos eugenésicos a principios del XX. Lo hicieron prácticamente todas las sociedades occidentales desde mediados del XIX.
Javier Fornell ha dicho que…
Muy cierto, Jose, pero no es menos cierto que hoy se está llegando a un nivel extremo en la igualdad. El lenguaje es el punto álgido y nuestra querida Bibiana rozó el esperpento con los miembros y miembras.

De todas formas, no es menos cierto que todos somos diferentes. Yo no puedo ponerme a descargar un camión de muebles ni resolver un problema matemático, por ejemplo. Y eso es lo bonito de las diferencias.

La igualdad es aburrida. Y, además, caer en el error de considerarnos a todos iguales puede llevar a que, algún día, alguien decida que yo debo hacer la mudanza de tu casa.

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

Shutter Island

En febrero pasado acudí a ver “Shutter Island”, de Martín Scorsese y salí tan confuso que me dije a mí mismo que debía leer el libro de Dennis Lehane. Reconozco que conocía la obra de Lehane por la magnífica novela “Mystic River”, que llevase al cine Clint Eastwood sin alcanzar el nivel del libro, así que no me daba ningún miedo acercarme a “Shutter Island”. Las obras de Lehane están cargadas de pesimismo y de un halo de oscuridad que cubre la humanidad de las personas y que, les reconozco, me gusta en las novelas que leo. Así que, poco después de ver la película, me hice con la novela pero por esas manías que solemos tener los lectores no ha sido hasta ahora cuando la he leído.
Pensé que la novela podría solucionar algunas de las dudas que me había generado la brillante adaptación de Scorsese, pero todo lo contrario. La novela, aún más intrigante y enrevesada, parece mostrarnos que Teddy Daniels está cuerdo. Eso parece indicarnos todo. Cada paso dado, cada persona que habla con Teddy,…