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Nube pasajera


¿Cuantas veces han mirado al cielo y se han preguntado si la nube será pasajera?. En Las Calas, cada vez que una nube cruza el cielo, todos los marabunteros decimos: “una nube pasajera”. Y así será aunque caigan chuzos de punta. Pero todo tiene su explicación y esta nace en un partido de fútbol. Ya les he dicho que después de cambiar de grupo caí en el vicio del deporte, y el problema de este en concreto es que juega mucha gente. Tantos que, al final, los partidos se convierten en eliminatorias a vida o muerte donde nadie se atreve a abandonar la pista para no perder su sitio.

Y en esas estábamos en una tarde de diciembre, felices por ganar un partido tras otro, cuando una nube llegó hasta nuestra posición. Era negra, enorme y comenzaba a descargar.

-Una nube pasajera, seguimos jugando- gritó Peter

Seguimos jugando, en efecto, pero la nube pasajera parecía dispuesta a quedarse sobre nosotros durante varios minutos. Casi media hora después, seguía allí, y decidimos que había llegado el momento de largarse. Más que nada porque nuestros rivales ya se habían ido a secarse a casa. Y nosotros corrimos, pero no a casa, sino al club, a refugiarnos bajo techo pese a que el agua comenzaba a agolparse en el interior de nuestros zapatos.

-Una nube pasajera, ¡vaya tela, quillo, ya verás las broncas!

Peter, agobiado porque todos comenzamos a acusarle de nuestros futuros días en camas se aparto de nosotros, sentándose en la ventana de al lado, para lanzar al viento una frase lapidaría de las que tantas veces nos daba:

-Ahora os margino.

Y allí se quedo, solo, marginado y empapado, mientras los demás comenzábamos a llenarnos los pies de barro y reíamos bajo la nube menos pasajera de la historia.

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