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Las Edades de Lulú


No sabíamos que hacer. Lo reconozco. No solíamos hacer ese tipo de cosas. Sí, nos gustaba el cine y, de vez en cuando, aprovechábamos la sordera del abuelo del Hetero para ver alguna película que no se nos permitiese ver en casa. Pero de ahí a esto había un trecho. Además, el acomodador nos conocía, éramos de los pocos jóvenes –por no decir niños- que seguíamos yendo al cine en el viejo Multicines Nuevo, y no nos parecía bien hacerlo. Nuestros padres eran duros, de férrea disciplina. Pero aquello era una oportunidad única. Así que sí, lo hicimos. Nos colamos en aquel cine, aprovechando un descuido del taquillero y nos sentamos, medio escondidos, en la parte alta de aquella sala con asientos de madera para ver a Lulú.

Nos habían dicho que la película era muy fuerte, un escándalo, y en nuestros respectivos colegios ya había chicos que decían haberla visto. Y nosotros no podíamos ser menos. El Hetero comenzó a reírse nada más empezar la película, y algún otro se tapó los ojos y se escondió entre los asientos, más por miedo a que nos cogieran que por la película. Yo, sí les digo la verdad, no recuerdo mucho de aquel filme tan escandaloso, solo que, al mirar bien la imagen, había una niña con una faldita corta y enseñando las bragas, mientras jugaba con otros chicos. No entendía porque tanto escándalo por eso. No era nada del otro mundo, y menos aún entendía que hacíamos viendo aquello.

-Seguro que a María le hubiera gustado esta pelí... pufff... vaya gilipollez... no entiendo que hacemos escondido para ver esta película- comenté en un susurro antes de casi morir del susto cuando Juanito, el acomodador, me golpeó con la linterna en la cabeza.

-La próxima vez que queráis entrar, pisha, pagar la entrada y punto. Además, ¿que coño hacéis vosotros viendo esto?

-Todo el mundo ha visto la película de las “Edades de Lulú”, en el colegio no se habla de otra cosa... ¡teníamos que verla! –el Hetero, como siempre, llevaba la voz cantante mientras Juanito comenzó a reír a carcajadas.

Luego entendimos porque, no eran las “Edades de Lulú” lo que veíamos, se trataba de una película de animación de Lulu, que el Hetero confundió con la película de Bigas Luna. Pese a todo, al error y a nuestras caras rojas de vergüenza mientras pagábamos la entrada, el Hetero, nuestro líder gaditano, gritaba:

-Yo quiero ser Lulú... Pero en tío.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
yo empecé a leer las edades de lulú y por mis cojones(nunca mejor dicho)tuve que dejarlo...porque me ponía malo el puto libro ese...sishi

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