Ir al contenido principal

Dioses


Debo reconocerlo, conocer a Sheldon de The Big Band Theory me ha cambiado la vida. Con él he descubierto la verdad: soy una mejora de la especie. Me están desapareciendo los dedos meñiques de los pies y los colmillos. Y a eso se une que mi ego está creciendo y mi intelecto no baja. En definitiva, empiezo a rozar la perfección, lo que quiere decir que, o bien soy una nueva especie (un Homo Nova, tal vez), o bien soy dios.

Y como me gusta más lo segundo que lo primero, he decidido que debo ser dios. No me miren así, no estoy loco, simplemente sus mentes inferiores no pueden alcanzar la explicación de mi divinidad. Porque, además de ser dios, soy un misterio. Soy una trinidad: dios, Cathan y Batman.

Soy dios porque soy dios, eso no tiene más vuelta.

Soy Cathan porque ese es quien soy en la tierra.

Y soy Batman, porque una amiga dice que Chistian Bale es dios, y como yo soy dios, soy Bale, pero Bale es Batman, así que como en toda trinidad hay un pájaro, yo soy un murciélago. Y entre ser Batman o un vampiro –como Bracula- prefiero ser un superhéroe.

Y he aquí mis mandamientos:

-Amarás a los gordos, aunque hayan adelgazado, más que a ti mismo.
-No harás deporte.
-Santificarás el fin de semana: durmiendo o, en su defecto, comiendo.
-No tomarás productos light.
-Amarás a dios, yo, sobre todas las cosas... menos sobre George R. Martin y Appel. Y, tal vez, el Cádiz.

Comentarios

Cathan Dursselev ha dicho que…
NOTA AL PIE:

Quien dice que que Bale es dios, aunque no asegura que sea yo -que lo soy- es Ale (que tiene blog ahí al ladito aunque un poco parado).

A dios lo que es de dios y a Ale lo que es de Ale.
alejandra ha dicho que…
Bale!!! argggg Bale es Dios y yo el Anticristo somos como el ying y el yang hechos el uno para el otro... ainssss
Cathan Dursselev ha dicho que…
Pues ya te he dicho que yo soy dios... así que cuidado con tus deseos a ver si el dios buenorro, digo bondados, es tu yang... ^^

jajajaja

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

La casa de los Espejos

En la Alameda, justo frente al monumento al Marqués de Comilla, hay una casa hoy restaurada y convertida en viviendas de lujo. Una casa señorial, con su torre mirador mirando al mar. Buscando en silenciosa soledad el regreso del antiguo dueño. Un capitán abnegado, obligado a partir continuamente para buscar el bien de su familia. De su mujer y su hija. Al pasear por la Alameda no puedo más que mirar a sus ventanas, hoy nuevas, buscando aquel visillo que hace años se movía con el viento que atravesaba el viejo caserón, mostrando el reflejo del sol sobre los viejos cristales que cubrían su pared. Alguna vez miré a la torre, esperando ver allí a la joven hija, oteando el horizonte, deseando que su padre regrese y, tal vez, le traiga un nuevo espejo.

Porque cuenta la leyenda que el capitán amaba a su hija y la mimaba creyendo, tal vez, que al cumplir sus deseos cubriría su ausencia. La hija le pedía a su padre un espejo, y él le traía uno de cada viaje, tantos que al final la casa se cubri…