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¿Se nota?


El Negro era peculiar, cuando menos. Podría contar mil historias de él y casi ninguna resultaría creíble. Por muy ciertas que sean. Aun recuerdo con risas el día que nos examinamos de Historia Antigua. Coincidió con la feria de El Puerto de Santa María, y el Negro estaba en aquella época enamoradito de una chica de Puerto Real, que no quería nada con él, por otro lado.

Pero el Negro tenía claro que la quería y que iba a luchar por ella. Y esa semana decidió ir a la feria para intentar enamorarla. No lo consiguió y, por la mañana, acudió a la Facultad con la idea de hacer el examen de Historia Antigua: Al fin y al cabo ya estaba levantado.

Y, no podemos negarlo, su entrada en el aula fue triunfal. Subió las escaleras agarrado a la barandilla, despacio para no caerse por ellas y aun dando tumbos. Sus palabras eran difíciles de entender pero, finalmente fuimos capaces de entender lo que decía:

-¿Se nota mucho que ayer estuve en la feria?- nos preguntó preocupado.
-¡Que va!, estás como una rosa.
-Mejor, mejor

El olor a whisky impregnó el aula cuando se sentó justo delante de mí. Una y otra vez se daba la vuelta, para preguntarme si se notaba su estado de embriaguez. Una y otra vez tuve que pedirle que mirase hacia delante, guardase silencio y me dejase hacer el examen tranquilo. El profesor Lagostena se acercó hasta nosotros, con la clara intención de echarnos del aula. Pero su rostro se congestionó con el olor y solo pudo decir:

-Siga usted señor Dursselev. Y usted, Montilla, mire a su papel... si puede fijar la vista.

Y eso hizo Montilla (el Negro, se sobreentiende) volviendo a su examen. Los folios comenzaron a correr por su mesa y él tuvo que acudir tambaleante hasta la mesa a por más folios en varias ocasiones. Los compañeros de clase lo miraban sorprendido. ¿Cómo era posible que escribiese tanto con tal melopea? Más aún se sorprendieron con la nota recibida, un suspenso, por supuesto. Pero demasiado bajo hasta para él con lo que había escrito.

Lo que poco sabían es que el Negro tan solo había escrito una frase en cada folio, con grandes trazos y, algunas de ellas, imposibles de leer. El alcohol, y acumulaba mucho ese día, provocaba esos efectos nocivos en él.

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