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La revista


Mi grupo de la Universidad era muy peculiar. Entre ellos algunos resaltaban sobre los demás. El Negro, el Visir o el Nazi eran tres de ellos. Base de la tuna de la Facultad y claro ejemplo de que el divertimento no estaba reñido con el estudio. El Nazi no lo era, como se imaginaran. Pero era una persona recta, de moral intachable, católico a ultranza y español por los cuatro costados. Una persona sin tacha. Catequista y futuro profesor de religión en un conocido colegio gaditano –o eso pensábamos todos-. Por eso, aquel día, el fue el centro del ataque.

No recuerdo quién fue, pero alguien encontró una revista porno gay en uno de los baños –o eso dijo- y la broma se gestó al instante. El Visir sacó al Nazi de la biblioteca, mientras el resto atacábamos su carpeta para introducir aquella revista. El Nazi no se dio cuenta de nada hasta dos días después. Lo vimos salir indignado de la biblioteca de la Facultad, con la revista en una mano, la carpeta en la otra, y los ojos fuera de sus orbitas. Lanzó la revista sobre nosotros, que ya no nos acordábamos de aquello –es lo que tiene el alcohol: se pierde la memoria a muy corto plazo, sobre todo si el acto en concreto se ha realizado bajo sus efectos, que no era el caso- mientras gritaba que quién le había metido esa mierda en su carpeta, que se le había caído cuando fue a sacar un libro con un grupo de profesores al lado. Que unas niñas, entre ellas Marta Estaban –de la que estaba enamoradito- y que se había reído de él.

Como se pueden imaginar, nosotros no parábamos de reírnos, y eso no hizo más que aumentar el enfado de nuestro amigo, sus gritos y el lanzamiento de revista. Mientras el resto de estudiantes comenzaba a enterarse de lo ocurrido. Creo que ese trauma, el de haber visto lo visto en aquella revista al caer al suelo, aún recorre su cuerpo. Más aún que la vergüenza pasada... al fin y al cabo, el Nazi era tuno.

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