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Kike del Pozo

Hoy he estado sentando en una mesa con alguien con el que jamás pensé sentarme. No es que haya cumplido un sueño. No. Más bien sería una pesadilla. Hoy he tenido en mi mesa a Enrique del Pozo. Esa diva del Crónicas Marcianas que alegró nuestra infancia con canciones como CocoGuagua, acompañado de la desaparecida Ana. Claro que también yo he tenido algo de culpa. Por haber ido a comer al restaurante que ha abierto en Cádiz (y debo reconocer que he comido bien, aunque no hubiese de todo).


Pero he aquí que Enrique se ha sentado en nuestra mesa, la más concurrida del restaurante con 20 comensales. Y, como buena comida de empresa, y tras varias copas, las lenguas se han soltado... si es que eso hace falta en Cádiz. Así que, una de las comensales se ha dirigido a Enrique:

- ¡Oye!, estás más gordo que antes. En la tele se te ve más delgado

-¡anda señora! Y usted también estaría más delgada antes- ha respondido Enrique

-Tus muertos, cabrón- se ha escuchado desde el fondo de la mesa- que ahora soy yo el que tiene que aguantarla.

Por supuesto era el marido de la señora, quien ya antes, cuando Enrique preguntó si a su marido –el de la señora- le importaría que se sentase en su silla, abrazada a ella. A lo que el marido había soltado por lo bajo: “que me va a importar, maricón”. Enrique no se había enterado. Pero daba igual, el resto de la mesa ya cantaba “Amigo Félix” mientras tomaba tarta de chocolate con galletas (casera y muy buena, por cierto) con el que casi cerrábamos la comida. Lo peor fue que, ya saliendo y con varias copas de orujo en el cuerpo le he dado las gracias por mantenerme con vida. Él se ha quedado un poco fuera de juego, sin saber de que le hablaba:

-Pero ¿como?

-Mira tío- le he dicho- mi coche tiene doce años y no tiene aire acondicionado, y mucho menos cd.

-¡Ah!- en el fondo pensaría que de coño le hablaba

-Y el otro día, pues mira, volvía de Cádiz para Las Calas y la radio no iba, no sé si por la tormenta o yo que sé. La cosa es que metí la mano en la guantera y puse una cinta de casette, de esas que mi hermano grababa para reírse.

-Pero, ¿que tiene que ver conmigo?- seguía pasmado

-Y yo iba solo en el coche, pensando en mis cosas y en mi mundo paralelo, como casi siempre. Vamos, con la caraha en lo alto. Y casi me quedo dormido al volante. Se me cerraron los ojos y, en ese momento, zas... “Si te quieres divertir, ven conmigo ya verás”... era Baila el Hula Hop. ¡Joder! Casi me salgo del susto... pero, al menos me desperté y llegué vivo a casa. Así que, Kike, gracias.

-¿como que Kike?

-¡Coño!, me has salvado la vida. Ya eres de mi familia.

Le di un abrazo y me fui, dejando a Kike mirando por la puerta sin saber si lo que acaba de decirle era verdad o una broma gaditana.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Joder...ese tio...siempre me ha parecido un malagente pero si te ha salvado la vida..pchee..lo dejaremos pasar por hoy.Aunque yo creo que hubiera sido peor que te estrellaras y una vez intentando salir del coche ardiendo empezara a sonar el cocowawa...y que la radio careciera de botones pa apagarla.
Javier Fornell ha dicho que…
Si, eso hubierá sido peor... Pero vamos, me salvé por el susto de volver a oír Kike cantar, jajaja

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