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El año del fénix

El año que acaba de terminar ha sido uno de los más duros de mi vida. A finales de 2018, todos mis planes se vinieron abajo de pronto, sin previo aviso. Y con ello, también yo caí sin ser capaz de frenar mi descenso propio a los infiernos. 

Los primeros meses de 2019 me sirvieron para aprender el significado de palabras que no habían estado en mi vocabulario: ansiedad, miedo, depresión,... se hacían fuerte para destrozarme y anclarme a la cama o a una casa que me daba auténtico pavor. Incapaz de encontrar salida, terminé encontrándola en el psicólogo. Y así, en silencio (hasta hace muy poco nadie en mi familia lo sabía, como si fuera un apestado por solicitar ayuda), fui buscando crear un nuevo camino. 

Pero el camino se iba llenando de piedras, por lo perdido, por la incapacidad de salir mi pozo personal, y por el daño que alguien trataba (y trata) de hacerme. Por eso, hoy, que he salido de ese infierno en el que estaba gracias a la ayuda de la familia y los amigos (no tendré años para agradecer esas manos que, como sogas, se anudaban a las mías para obligarme a vivir), escribo este post.

No es más que una forma de reafirmarme, de gritar a los cuatro vientos que no podrán conmigo y que aún me queda mucha guerra que dar y muchas risas que sacar. Y es que si 2018 terminó con lágrimas, 2019 lo ha hecho con una sonrisa y muchas risas. Las provocadas por los de antes y los nuevos. 

Ha sido un año de redescubrimiento personal, de lucha constante contra uno mismo y mis miedos, pero al final he ganado. Ahora, 2020 será un año diferente, será un año de lucha profesional, de recuperar lo que se paró el pasado curso y lanzarme a nuevos retos y metas. Un año de volver a inventarse para seguir siendo el que soy y no ese manojo de carne y huesos que fui durante demasiado tiempo en el peor año de mi vida. 

Comentarios

Margarita Lozano ha dicho que…
Hola, Javi, estoy buscando cómo contactarte por privado, pero no veo esa opción en tu blog

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