De libros, lecturas y escrituras

Desde que comencé la tesis doctoral, mi nivel de lectura ha ido cayendo lentamente. Quizá hastiado de tantas horas pegados a un ordenador y rodeado de papeles; quizá porque mi propio trabajo (primero como bibliotecario y ahora vinculado a proyectos de digitalización) han terminado convirtiendo mi pasión en mi trabajo y, al final, uno acaba cansándose. Sea por lo que sea, en los últimos tiempos los libros que caían en mis manos eran de Historia o de Gestión Cultural, técnicos, aburridos y anodinos, y eso hacía que las lecturas "normales" también me produjeran desgano.

Pero de un tiempo a esta parte he ido recuperando el gusto por la lectura, aunque reconozco que ya no me siento con ganas de leer enormes "tochos" de cientos de páginas y mucha paja, de enorme peso físico —porque, como Obelix, me mantengo imperturbable en el libro de papel—y algunos libros que han llegado por casualidad, la "generosidad" de algún amigo escritor que me ha permitido leer el borrador de su próxima novela y algunos libros de relatos están ayudando a que vuelva a disfrutar de la lectura y a escribir sobre lo que leo. 

Aunque, más importante aún, al calor de lo leído he vuelto a escribir. Llevaba tiempo con las musas ausentes pero en las últimas semanas comienzo a retomar una rutina diaria que hace un par de años era obligada: escribir cada día. Y en la actualidad ando con la revisión de mi próxima novela —en la que abandono lo histórico para adentrarme en un enredo más psicológico que policiaco— y comenzando la documentación, ya muy avanzada, del siguiente proyecto en el que, nuevamente, saltamos a la novela histórica.

Y, mientras, escribo las aventuras de Fernán Garcés, que publico semanalmente en este blog, alejándonos de la realidad histórica para dejar que la imaginación vuele en un mundo de aventuras que llevará a mi alter ego literario a lugares exóticos en los que poder cumplir sus sueños de infancia junto a Pedro Cabrón.

Sin duda, los hábitos cambian y las rutinas vuelven. 

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