Ir al contenido principal

De galimatías "columnísticas"

Hay días que creo que soy más tonto de lo normal. Suele ocurrir terminado el fin de semana y tras haber cometido el error —imperdonable— de leer las columnas dominicales. Cada uno tiene sus vicios inconfesables y ese es uno de los míos y aunque, he de reconocer, no soy mucho de columnas locales en ocasiones cae en mis manos la excelsa prosa de algún politólogo provinciano. Y es aquí donde me echo las manos a la cabeza, o al diccionario de la RAE, por intentar comprender lo leído.

Será que yo soy de los que cree que la sencillez no está reñida con la calidad ni con la profundidad de lo dicho. O será que no termino de comprender eso de que exista una alta y una baja literatura. Será que he disfrutado más con Harry Potter  que con el Ulises de Joyce; o que prefiero las obras de Salgari o Doyle que las de Dostoievski. Sí, quizá sea eso, pero no entiendo que alguien que quiere crear opinión se dedique a lanzar palabras en desuso —algunos parecen pensar que así demuestran su cultura— que convierten los textos en galimatías que muy pocos son capaces de descifrar.

En laberintos de palabras para que unos pocos (en ocasiones amigos bienintencionados) les halaguen los oídos por la belleza de sus textos, hermosos sin duda, con una musicalidad más propia de una poesía que de una columna periodística. Pero, para mí, lo importante de las columnas es que digan algo, que muestren las opiniones de sus autores, que desarrollen esas ideas para presentar opiniones sustentadas y razonadas. Que ayuden al lector a ver la realidad de otra forma.

Y este país ha dado grandísimos columnistas: desde Umbral hasta Antonio Burgos. Sin importar cual fuese su ideología, escritores como Reverte o Elvira Lindo han engrandecido un género menor para dotarle de un espacio propio y de alta calidad en el que algunos tratan de entrar por una puerta que se les queda demasiado grande y que tratan de llenar a base de sinónimos y poco sentido. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Sin comentarios

En este blog no se come por comentario, de hecho eres libre de expresar lo que quieras y opinar lo que quieras mientras no insultes a nadie que no sea yo. Y, quizá, algunos os preguntéis a que viene esto cuando precisamente no son muchos los comentarios que se leen en estas páginas. Y es que no hace referencia a este rincón, sino a esos otros en los que los comentarios son censurados por llevar la contraria al dueño del garito, mientras se permiten insultos fáciles a cualquiera que pase.
Por aquí pueden pasar, comentar si lo desean o no hacerlo si es lo que prefieren. No importa. Lo único que importa es mantener la libertad de expresión en esta red de redes que nos une a lo largo del planeta. Aquí y en todos los demás lugares es nuestro deber defenderla.