Ir al contenido principal

El ridículo del 96

Cuando hablamos de la Historia de Cádiz caemos, casi sin querer, en alabar a sus hombres y exaltar su grandeza. Pero la realidad no siempre es como queremos verla y, a veces, los gaditanos fueron tan cobardes como en otras valientes. Algo así fue lo que sucedió en 1596, cuando casi diez mil soldados ingleses y holandeses, bajo el mando del Conde de Essex entraron sin oposición en la ciudad. Las razones: la armada española contaba con 40 navíos para enfrentarse a las 170 velas enemigas y, pese al valor mostrado por Juan Portocarrero y el Marqués de Santa Cruz, nada se pudo hacer en el mar, teniendo las naves que replegarse a Puerto Real —donde terminarían siendo incendiadas para evitar que cayeran en manos inglesas—.
Mientras, en la ciudad se preparaban para la defensa, repartiéndose las compañías, de unos 100 hombres, en los diversos baluartes bajo mando de oficiales de segunda que, sin embargo, mostraron el valor que le faltó a los gobernantes. Tan escasa fue la resistencia que la ciudad —no olvidemos que era ya uno de los puertos más importantes del reino—,  que había logrado evitar el saqueo de Drake nueve años antes, se vio obligada a rendirse antes de las 5 de la tarde del 30 de junio pues, según el cronista Pedro de Abreu, el desorden ha[bía] sido, después de la voluntad del Señor, la causa de la perdición de esta ciudad, porque todos eran cabezas a mandar y ninguno había que supiese cómo pies obedecer, y así se perdió por no tener pies ni cabeza. Y es que los gobernantes pusieron pies en polvorosa, dejando a la población desatendida, buscando refugio en la puente Zuazo a la espera de la llegada del Duque de Medina Sidonia con 5.000 hombres mal pertrechados y novatos en la guerra.
Tal fue el ridículo hecho por los gaditanos que el mismísimo Cervantes, héroe en Lepanto, escribiría sobre la llegada del de Medina un soneto satírico hoy olvidado en nuestra ciudad:
Vimos en julio otra semana santa,
atestada de ciertas cofradías
que los soldados llaman compañías,
de quien el vulgo, y no el inglés, se espanta.

Hubo de plumas muchedumbre tanta,
que, en menos de catorce o quince días,
volaron sus pigmeos y Golias,
y cayó su edificio por la planta.

Bramó el becerro y pusolos en sarta,
trono la tierra, escureciose el cielo,
amenazando una total ruina,

y al cabo, en Cádiz, con mesura harta,
ido ya el conde, sin ningún recelo,
triunfando entró el gran Duque de Medina.



Lo cierto es que el saqueo de la ciudad y la quema de nuestros archivos fue la mayor penitencia pagada por Cádiz. Desde entonces, la época medieval quedó sumida en el silencio y enterrados para siempre grandes hombres: piratas, corsarios, conquistadores, comerciantes, religiosos de gran importancia… hasta el asesino contratado por Felipe II para acabar con Barbarroja. Pero eso ya es otra historia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Sin comentarios

En este blog no se come por comentario, de hecho eres libre de expresar lo que quieras y opinar lo que quieras mientras no insultes a nadie que no sea yo. Y, quizá, algunos os preguntéis a que viene esto cuando precisamente no son muchos los comentarios que se leen en estas páginas. Y es que no hace referencia a este rincón, sino a esos otros en los que los comentarios son censurados por llevar la contraria al dueño del garito, mientras se permiten insultos fáciles a cualquiera que pase.
Por aquí pueden pasar, comentar si lo desean o no hacerlo si es lo que prefieren. No importa. Lo único que importa es mantener la libertad de expresión en esta red de redes que nos une a lo largo del planeta. Aquí y en todos los demás lugares es nuestro deber defenderla.