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De relatos y novelas

Hace unos días me pidieron un micro-relato (de unas 100 palabras) para una revista internacional de literatura negra. Algo que, en principio, debería hacerse sin problemas —¡Al fin y al cabo quién no es capaz de escribir 100 palabras!— pero la realidad es diferente. Para mí, más habituado a historias largas plasmadas en novelas, el relato se convierte en un pequeño calvario particular. Escribir una historia en la que se cuente algo sin espacio para contarlo no es sencillo; y quienes lo logran tienen todo mi reconocimiento.

Siempre he dicho que en las novelas puedes esconder tus defectos entre las cientos de páginas escritas, pero en un relato esa posibilidad se diluye y debes ser capaz de redondear una historia en unas pocas líneas. Contad en apenas cien palabras, lo que podrías desarrollar en 100 páginas: qué, porqué, quién, establecer personajes con cierta profundidad, incluso darle una moraleja a lo escrito.

Hay quienes dicen que el relato es el hermano menor de la novela, que es sencillo y puede hacerlo cualquiera; pero eso es tan falso como argumentar que es más fácil escribir un haiku que un poema largo.

Para mí, desde luego, el relato es un género mayor, complicado y duro de desarrollar. 

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