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Mostrando entradas de octubre, 2015

De lluvia y recuerdos

Me gustan los días lluvioso, esos en los que el gris gana la guerra al sol y los cielos se encapotan bajo una cúpula de nubes. Días en los que el frío avisa para llegar y que, en mi casa y mi tierra, se antojan casi ausentes todo el año. Y eso que este año no he tenido verano —no al uso— y todo mi mes de agosto ha ido acompañado de chubasquero y paraguas, pero aun así lo echaba de menos.

Y lo echaba de menos porque la ciudad tiene un olor diferente. El olor a la lluvia que me recuerda a Roche en invierno, a tardes junto a la chimenea en casa de mis abuelos, con mi abuelo contándome historias imposibles de vivencias que el hacía reales. Quizá en aquellas tardes en Roche nació mi gusto por contar historias, por crear aventuras desde pequeños retazos. Quizá, en el fondo, cada vez que llueve me acuerdo de mi abuelo, de su sonrisa perenne y sus ganas de jugar con sus nietos todo el día. 
Tal vez, por eso mismo, mis sentimientos en los días de lluvia no tienen nada que ver con el pesimismo…

De relatos y novelas

Hace unos días me pidieron un micro-relato (de unas 100 palabras) para una revista internacional de literatura negra. Algo que, en principio, debería hacerse sin problemas —¡Al fin y al cabo quién no es capaz de escribir 100 palabras!— pero la realidad es diferente. Para mí, más habituado a historias largas plasmadas en novelas, el relato se convierte en un pequeño calvario particular. Escribir una historia en la que se cuente algo sin espacio para contarlo no es sencillo; y quienes lo logran tienen todo mi reconocimiento.

Siempre he dicho que en las novelas puedes esconder tus defectos entre las cientos de páginas escritas, pero en un relato esa posibilidad se diluye y debes ser capaz de redondear una historia en unas pocas líneas. Contad en apenas cien palabras, lo que podrías desarrollar en 100 páginas: qué, porqué, quién, establecer personajes con cierta profundidad, incluso darle una moraleja a lo escrito.

Hay quienes dicen que el relato es el hermano menor de la novela, que es se…

12 de octubre

El 12 de octubre se ha convertido en un día marcado por la polémica en España. Fiesta Nacional de España, en la península y Día de la Raza o del Descubrimiento en casi toda Hispanoamérica, cabría preguntarse porqué hemos terminado convirtiendo una festividad que debería ser de unión entre pueblos en una nueva división patria. 
Para mí, la respuesta es sencilla: como españoles que somos, somos cainitas y belicosos por naturaleza. Necesitamos cualquier excusa para poder atacarnos unos a otros, y en la era de internet hemos encontrado en las redes sociales lo que antes encontrábamos en las calles. Y, a eso, hay que unirle nuestro pesimismo vital y la más que consabida idea de que todo lo nuestro —salvo Iniesta y Pau Gasol— es peor que lo del resto. Así, asumimos a pies juntillas una Leyenda Negra creada por los ingleses —que siempre nos odiaron por saberse peores— que habla de la llegada de los españoles a América como si del fin del mundo se tratase.
El problema, es que otra parte de l…