De pelos

¿Han ido alguna vez a una peluquería? Por supuesto que sí, todos hemos sufrido la pérdida de nuestros pelos a manos de profesionales. Y ahora, justo ahora que veo cortar las barbas de mi vecino y espero para poner a remojo las mías, me doy cuenta que la peluquería es un claro reflejo de la política patria.

Puede no gustarnos el peluquero, pero siempre volvemos. Y volvemos al mismo, al que le quitó los pelos a tu padre y tu abuelo; que ya no es el mismo, ahora es el hijo o el nieto. Pero el ritual se mantiene: tú vas, porque así debe ser, y dejas que te toque la cabeza, te recorte donde quiera y, finalmente te cobre sin preguntarte sobre el resultado. 

Porque en el fondo, en la peluquería como en la vida, somos conservadores, fieles a la tradición familiar y sumisos. Vivimos cómodos y nos dejamos hacer.

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