De golondrinas bequerianas

Odio a Becquer, profundamente. A su romanticismo y la exaltación de las golondrinas. A ellas también las odio, más. Mucho más. Más, incluso, que a los endocrinos. 

Sé, así dicen, que las aves de marras acompañan la llegada de la primavera, esa que la sangre altera. Y les aseguro que la mía la altera, y vaya si lo hace.
Días llevo esperando que deje de hervirme la sangre, pero nada. Cada noche y cada mañana, más de lo mismo. Desde que el pajarraco se coló por esa rendija de mi vida que separa la ventana de la pared, sus tiernas crías, piadoras con fuerza, me acompañan con su trinar -¿golondrinar, tal vez?- durante las horas de no descanso. 

Y por mas que busco y rebusco entre libros y páginas webs para conocer el periodo de crianza de estos bichos del demonio, nada encuentro y ya, a estas horas y días, estoy al borde de la locura. Dispuesto a todo: a adoptarlos, poner una pajarería o irme a dormir a la biblioteca. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Corona o Reino de Aragón

Héroes gaditanos: Diego Fernández de Herrera