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Mostrando entradas de abril, 2015

De golondrinas bequerianas

Odio a Becquer, profundamente. A su romanticismo y la exaltación de las golondrinas. A ellas también las odio, más. Mucho más. Más, incluso, que a los endocrinos. 
Sé, así dicen, que las aves de marras acompañan la llegada de la primavera, esa que la sangre altera. Y les aseguro que la mía la altera, y vaya si lo hace. Días llevo esperando que deje de hervirme la sangre, pero nada. Cada noche y cada mañana, más de lo mismo. Desde que el pajarraco se coló por esa rendija de mi vida que separa la ventana de la pared, sus tiernas crías, piadoras con fuerza, me acompañan con su trinar -¿golondrinar, tal vez?- durante las horas de no descanso. 
Y por mas que busco y rebusco entre libros y páginas webs para conocer el periodo de crianza de estos bichos del demonio, nada encuentro y ya, a estas horas y días, estoy al borde de la locura. Dispuesto a todo: a adoptarlos, poner una pajarería o irme a dormir a la biblioteca.

De caminos

Hace tiempo que no la veía. Antes, cuando cada mañana cogía el mismo autobús, a la misma hora y en la misma parada, me encontraba con ella a diario. Con su sonrisa y alegría, pese a la hora y la edad, se montaba en el "dos", casi siempre canturreando alguna copla que jamás llegué a identificar. Fueron muchas las veces que se sentó a mi lado, siempre con sus "bueno' día', niño, que fresquito hace hoy". Recuerdo que una vez, incluso, llegó a reñirme por ir en mangas cortas con un "seguro que tú madre no te dejaba sali' así".
Pero hoy, cuando la he visto, había perdido toda la vitalidad que poseía, caminando encorvada apoyada en el brazo de una joven que, tal vez, sea su nieta. Me ha mirado y ha sonreído —fueron cinco años de vernos a diario en nuestro quehacer diario— y he visto, por un segundo, a la señora de mirada traviesa que me alegraba el camino al trabajo. Ha sido un solo segundo, uno nada más, el suficiente para recordarme que la vida e…

De lluvias

A veces llueve sobre mojado. El agua se agolpa sobre la ropa y los huesos se calan con ese frío intenso que no terminar de quitarse. Ese que dura días dejando una sensación de malestar interior que atenaza los pensamientos y ensordece la razón.
A veces, esa lluvia continua y fina causa estragos en la vitalidad y, como el tiempo, uno oscurece su existencia, volviendo gris lo que tiene alrededor sin pensar que el color llega a través de la alegría de quienes le rodean. Pero, aún así, la tristeza se une a la fina lluvia que cala, que llena vasos de paciencia infinita y terminan rebosando por dónde menos deben, provocando una gran riada de sentimientos que golpean con fuerza los pilares de la existencia.
Y cuando esos pilares no son fuertes, terminan rompiéndose . Y, entonces, sube la marea con fuerza, arrastrándote al fondo hasta que logras asirte con fuerza a uno de esos pilares luminosos que se agolpan a tu alrededor. Paraguas que terminan secando el alma con sus risas y bromas; que s…

De Góngoras y Quevedos

Que lejos quedan esos tiempos en el los genios de las Artes y las Letras solucionaban sus problemas con ingenio, cargado de más o menos sorna, y cierta educación.

Pero los tiempos cambian y ya no existen Quevedos ni Góngoras, como tampoco quedan Quijotes. Y es esto último lo que necesita nuestro pequeño rincón andaluz: un Quijote que en su locura aúne a los miles de artistas de todos los campos que pululan por la villa.
Si algo tiene Cádiz, es ingenio, del bueno, del que podría darle mucho a la propia ciudad y a sus creadores. Pero, donde hay muy ingenio, también hay mucho ego. Y ninguno de los que andamos en este mundillo estamos libres de pecado —al fin y al cabo, todos recibimos con satisfacción las alabanzas, cuando las hay— pero ni eso justifica que seamos incapaces de dar un paso adelante e ir todos a una, como en Fuenteovejuna a terminar con el Comendador. 
Yo, que me muevo en el mundo literario, no puedo más que mirar a mi alrededor y ver tantos y tantos nombres de la vieja y …

Le Goff y el oscurantismo medieval

Hace unos días, alguien rebatía en Facebook mi critica a ¡No, por Dios! Ateísmo para principiantes diciendo que un medievalista que decía que la Edad Media no era oscura no era de fiar. Curiosidades de la vida, hoy, poco más de un año después de su fallecimiento, me he encontrado con la entrevista que La Nación realizó en 2005 a uno de los mejores medievalistas de la historia: Jacques Le Goff quien, preguntado sobre el oscurantismo en el medievo, respondía:
Aquellos que hablan de oscurantismo no han comprendido nada. Esa es una idea falsa, legado del Siglo de las Luces y de los románticos. La era moderna nació en el medioevo. El combate por la laicidad del siglo XIX contribuyó a legitimar la idea de que la Edad Media, profundamente religiosa, era oscurantista. La verdad es que la Edad Media fue una época de fe, apasionada por la búsqueda de la razón. A ella le debemos el Estado, la nación, la ciudad, la universidad, los derechos del individuo, la emancipación de la mujer, la concienci…

Retomando

Llevo meses sin pasar por aquí, pero no por haber olvidado este rincón. Las obligaciones profesionales han sido muchas en este tiempo y el poco tiempo que me quedaba debía -como buena obligación moral- dedicarlo a lo personal. Sin duda, lo más importante de la vida.
Por eso hoy paso por aquí, simplemente para recordar las muchas horas de letras y, sobre todo, de desnudar sentimientos —más o menos verídicos—que he compartido con todos los que han tenido a bien pasar por esta pequeña ventana a mi vida.
Ahora me planteo nuevos retos: terminar una tesis doctoral a la que le queda poco más de 3 meses para estar completamente concluida; terminar ese libro de leyendas con el que ando trabajando y realizar los cambios solicitados para mi próxima novela (que verá la luz en 2016, si nada lo impide). Y, por supuesto, retos personales acompañados de esa persona maravillosa que ahora camina a mi lado. 
Pero, aunque me encuentro sumido en un tiempo de cambios y con poco tiempo, trataré de seguir p…